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domingo, 26 de septiembre de 2010

Devoción por la verdad

Donde no hay odio por la herejía, no hay santidad


Si nosotros odiamos el pecado como él debió haberlo odiado, puramente, varonilmente, nosotros deberíamos hacer más penitencia, nosotros deberíamos infligirnos más auto-castigos, nosotros deberíamos sentir pesar por nuestros pecados con más constancia. Luego, una vez más, la suprema deslealtad a Dios es la herejía. Es el pecado de los pecados, la más repugnante de las cosas que Dios desprecia en este mundo maligno. Sin embargo, ¡que poco comprendemos su excesivo carácter odioso! Es la profanación de la verdad de Dios, que es la peor de todas las impurezas.

Sin embargo, ¡que poco caso hacemos de ella! Nosotros la vemos, y permanecemos calmos. La tocamos y no nos estremecemos. Nos mezclamos con ella y no tenemos temor. Vemos que toca las cosas santas, y no tenemos sentido del sacrilegio. Respiramos su olor, y no mostramos signos de aborrecimiento o repugnancia. Alguno de nosotros aparenta su amistad; y alguno incluso atenúa su culpa. Nosotros no amamos a Dios lo suficiente para preocuparnos por Su Gloria. Nosotros no amamos lo suficiente a los hombres para ser verdaderamente caritativos con sus almas.

Perdido el tacto, el gusto, la visión, y todos los sentidos de la conciencia celestial, nosotros podemos morar en medio de esta plaga odiosa con tranquilidad imperturbable, reconciliados con su vileza, no sin algunas profesiones jactanciosas de liberal admiración, tal vez incluso con una muestra solícita de simpatía tolerante.
¿Por qué nosotros estamos tan por debajo de los antiguos santos, e incluso de los modernos apóstoles de estos últimos tiempos, en la abundancia de nuestras conversaciones? Porque no tenemos la antigua austeridad. A nosotros nos hace falta el espíritu de la vieja Iglesia, el antiguo genio eclesiástico. Nuestra caridad es falsa, porque no es severa; y es poco convincente, porque es falsa.


Nosotros carecemos de devoción a la verdad como verdad, como verdad de Dios. Nuestro celo por las almas es débil, porque no tenemos celo por el honor de Dios. Nosotros actuamos como si Dios fuera cumplimentado por las conversiones, cuando son almas temblorosas rescatadas por un exceso de misericordia.

Nosotros decimos a los hombres la mitad de la verdad, la mitad que mejor convenga a nuestra propia pusilanimidad y vanidad; y luego nos asombramos que tan pocos se conviertan, y que de esos pocos tantos apostaten.

Nosotros somos tan débiles como para sorprendernos que nuestras medias verdades no logren tanto como las verdades íntegras de Dios.

Donde no hay odio por la herejía, no hay santidad.

Un hombre, que pudo ser un apóstol, se vuelve un enconado en la Iglesia por falta de esta justa indignación.

El Padre Frederick Faber fue uno de los más eminentes y queridos autores católicos del pasado siglo XIX.
Tomado de La Preciosa Sangre


“para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad” (Jn 18, 37).

jueves, 18 de marzo de 2010

Protéctor sanctae Ecclésiae

Solemnidad del Glorioso Patriarca San José
Protector de la Santa Iglesia Universal.


Las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; mas, porque entre la beatísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro. Ya que el matrimonio es el máximo consorcio y amistad —al que de por sí va unida la comunión de bienes— se sigue que, si Dios ha dado a José como esposo a la Virgen, se lo ha dado no sólo como compañero de vida, testigo de la virginidad y tutor de la honestidad, sino también para que participase, por medio del pacto conyugal, en la excelsa grandeza de ella. El se impone entre todos por su augusta dignidad, dado que por disposición divina fue custodio y, en la creencia de los hombres, padre del Hijo de Dios. De donde se seguía que el Verbo de Dios se sometiera a José, le obedeciera y le diera aquel honor y aquella reverencia que los hijos deben a sus propio padres.
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De esta doble dignidad se siguió la obligación que la naturaleza pone en la cabeza de las familias, de modo que José, en su momento, fue el custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia. Y durante el curso entero de su vida él cumplió plenamente con esos cargos y esas responsabilidades. El se dedicó con gran amor y diaria solicitud a proteger a su esposa y al Divino Niño; regularmente por medio de su trabajo consiguió lo que era necesario para la alimentación y el vestido de ambos; cuidó al Niño de la muerte cuando era amenazado por los celos de un monarca, y le encontró un refugio; en las miserias del viaje y en la amargura del exilio fue siempre la compañía, la ayuda y el apoyo de la Virgen y de Jesús. Ahora bien, el divino hogar que José dirigía con la autoridad de un padre, contenía dentro de sí a la apenas naciente Iglesia. Por el mismo hecho de que la Santísima Virgen es la Madre de Jesucristo, ella es la Madre de todos los cristianos a quienes dio a luz en el Monte Calvario en medio de los supremos dolores de la Redención; Jesucristo es, de alguna manera, el primogénito de los cristianos, quienes por la adopción y la Redención son sus hermanos. Y por estas razones el Santo Patriarca contempla a la multitud de cristianos que conformamos la Iglesia como confiados especialmente a su cuidado, a esta ilimitada familia, extendida por toda la tierra, sobre la cual, puesto que es el esposo de María y el padre de Jesucristo, conserva cierta paternal autoridad. Es, por tanto, conveniente y sumamente digno del bienaventurado José que, lo mismo que entonces solía tutelar santamente en todo momento a la familia de Nazaret, así proteja ahora y defienda con su celeste patrocinio a la Iglesia de Cristo
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( ... ) Pues José, de sangre real, unido en matrimonio a la más grande y santa de las mujeres, considerado el padre del Hijo de Dios, pasó su vida trabajando, y ganó con la fatiga del artesano el necesario sostén para su familia. Es, entonces, cierto que la condición de los más humildes no tiene en sí nada de vergonzoso, y el trabajo del obrero no sólo no es deshonroso, sino que, si lleva unida a sí la virtud, puede ser singularmente ennoblecido. José, contento con sus pocas posesiones, pasó las pruebas que acompañan a una fortuna tan escasa, con magnanimidad, imitando a su Hijo, quien habiendo tomado la forma de siervo, siendo el Señor de la vida, se sometió a sí mismo por su propia libre voluntad al despojo y la pérdida de todo. (Fragmento de la Enciclica Quamquam Pluries sobre la Devoción a San José de la santidad de León XIII)
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Oración a San José
compuesta y prescrita por S.S. León XIII
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A vos, bienaventurado san José, acudimos en nuestra tribulación, y después de implorar el auxilio de vuestra santísima Esposa, solicitamos también confiadamente, vuestro patrocinio. Para aquella caridad que con la Inmaculada Virgen María, Madre de Dios, os tuvo unido, y por el paterno amor con que abrazasteis al Niño Jesús, humildemente os suplicamos que volváis benigno los ojos a la herencia que con su Sangre adquirió Jesu-Cristo y con vuestro poder y auxilio socorráis nuestras necesidades.
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Proteged, ¡oh providentísimo custodio de la Divina Familia! la escogida descendencia de Jesu-Cristo; apartad de nosotros toda mancha de error y corrupción; asistidnos propicio desde el cielo, fortísimo libertador nuestro, en esta lucha con el poder de las tinieblas; y como en otro tiempo libertasteis al Niño Jesús del inminente peligro de la muerte, así ahora defended la Iglesia santa de Dios de las asechanzas de sus enemigos y de toda adversidad, y a cada uno de nosotros protegednos con perpetuo patrocinio, para que, a ejemplo vuestro, y sostenidos por vuestro auxilio, podamos santamente vivir, piadosamente morir, y alcanzad en los cielos la eterna bienaventuranza. Amén.

Eclesiastico 45, 1-6

miércoles, 24 de febrero de 2010

El Progreso Conciliar

¿PUEDE «EVOLUCIONAR» LA TRADICIÓN?

¿PUEDE «DESARROLLARSE» LA DOCTRINA?

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Nuestro Señor Jesucristo autor de la Santa Fe católica.
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Los teólogos post-Vaticano II de todo género de tendencias admiten prestamente que la enseñanza de la Iglesia ha cambiado sobre una multitud de planteamientos.

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Ahora bien, si la fe fue revelada en su plenitud por Cristo y los apóstoles, y si la Iglesia tiene como parte de su función la conservación de este «depósito de la Fe» sin cambio, ¿cómo podemos entonces explicarnos sus posiciones «cambiantes»? La respuesta modernista es que la doctrina «evoluciona» y «se desarrolla». ¿Hasta qué punto es católico semejante concepto?

La aplicación de la doctrina a la variación de las circunstancias y la extracción de sus implicaciones según pasa el tiempo pueden verse como un «desarrollo», como ciertamente puede verse así la necesidad de hacer explícito lo que, en una época más antigua, estaba solamente implícito. Pero la doctrina y la tradición que es su vehículo, no pueden desarrollarse o evolucionar, a la manera darwiniana, en mayor medida que esa Verdad que nos fue dada por Cristo y los apóstoles. El concepto, según ha sido promulgado por el Vaticano II, de que «la tradición de la Iglesia es una tradición de progreso en la comprensión de la verdad», jamás puede ser aceptado por un fiel católico según querrían interpretarlo los modernistas. El dogma puede devenir más claro para nosotros; puede ser definido más concisamente por el magisterio de enseñanza (como parte de su función de conservar lo que fue revelado, y esto habitualmente en respuesta a una herejía que desafía a una verdad dada), pero no cambia y no puede cambiar. Además, la manera en la cual las enseñanzas de la Iglesia han sido definidas ha sido siempre explícita y clara, y la única razón posible para que alguien quiera decirlas de otro modo o cambiar su redacción es introducir en ellas un elemento de ambigüedad tal que permita múltiples interpretaciones. Debería estar muy claro que o bien la Verdad es importante, y entonces no cambia, o bien cambia y entonces no tiene ninguna importancia. Después de todo, la verdad como un todo es eterna, incapaz como tal de toda mejora o progreso. Y, además, es una de las absurdidades patentes de nuestros tiempos suponer que nuestras mentes han progresado desde los tiempos de Cristo, o que nosotros hemos desarrollado o evolucionado una mayor profundidad en la verdad que la que tenían nuestro Señor y los apóstoles. Como ha dicho el Cardenal Newman: «Los Santos apóstoles conocían sin palabras todas las verdades concernientes a las altas doctrinas de la teología, que los apologistas después de ellos redujeron piadosa y caritativamente a fórmulas, y que desarrollaron a través del argumento.» Essays and Discourses

A riesgo de enfatizar lo que es obvio, debería ser evidente que, una vez que el Magisterio de enseñanza toma una postura definitiva sobre un planteamiento doctrinal, ningún órgano de la Tradición posterior o alternativo puede contradecirle. No puede haber dos afirmaciones contradictorias verdaderas sobre un mismo principio derivado de la Revelación. Y esto es verdadero tanto para el magisterio universal ordinario como para el magisterio solemne. Que la verdad puede cambiar va contra la doctrina de la indefectibilidad de la Iglesia («Mirad, Yo estoy con vosotros todos los días que vendrán, hasta la consumación del mundo» Mateo XXVIII, 20), y aquellos que sostienen otra cosa están diciendo de hecho que, o la Iglesia ha enseñado el error anteriormente o está enseñando el error ahora. No hay que sorprenderse de que la nueva Iglesia posconciliar desee ocultarse tras la cortina de que no está cambiando nada que es de fide definita -es la misma cortina de humo que pretende que la tradición se refiere solamente al hecho dogmático. La idea de que la Iglesia puede cambiar su enseñanza constante sobre un planteamiento doctrinal cualquiera es la de que puede «adulterar» su enseñanza. ¡Es decir, que la Esposa de Cristo puede devenir una meretriz!- una blasfemia y un sacrilegio. Si el magisterio está bajo la guía y la protección del Espíritu Santo, debemos recordar que el Espíritu Santo, siendo la Verdad misma, no puede contradecir-Se. Difícilmente habría dado a los apóstoles una enseñanza que durara «hasta el fin de los tiempos» -para cambiarla antes de que este fin haya tenido lugar. En la Escritura se nos advierte contra aquellos que nos enseñarán un «nuevo evangelio», diferente del evangelio «recibido»- que habría «una sucesión continua de nuevos instructores didaskalai (díscolos)» enseñando «según les coge el capricho», y buscando satisfacer «oídos calenturientos». Ciertamente, como hombres de razón, nosotros no podemos creer otra cosa que, como dijo S. Agustín, «La Sabiduría increada es la misma ahora que siempre fue y que siempre será». Esta es la enseñanza constante de la verdadera Iglesia, pues como dice S. Juan de la Cruz:

«Puesto que Él ha acabado de revelar la fe a través de Cristo, no hay ya más fe que revelar, ni la habrá nunca… Puesto que no hay más artículos que hayan de ser revelados a la Iglesia sobre la substancia de nuestra fe, una persona no solo debe rechazar nuevas revelaciones sobre la fe, sino que, por precaución, debe repudiar todo otro tipo de conocimiento mezclado con ellas…»

Ascensión al Monte Carmelo

El «Juramento contra el Modernismo» permanece para siempre una expresión de la actitud tradicional del fiel católico. Es «credal» por su naturaleza:

«Yo acepto sinceramente la doctrina de la fe que nos ha sido transmitida con el mismo significado y siempre con el mismo propósito desde los apóstoles a través de los Padres ortodoxos. Por consiguiente, rechazo enteramente, la teoría herética de la evolución de los dogmas, a saber, que pueden cambiar de un significado a otro, diferente del significado que la Iglesia ha sostenido con anterioridad.»


Claramente entonces, debemos negarnos a aceptar la enseñanza del Vaticano II al efecto de que «al igual que los siglos se suceden uno a otro, la Iglesia se mueve constantemente adelante hacia la plenitud de la verdad divina, hasta que las palabras de Dios alcancen su completo cumplimiento en ella» (Dei Verbum ). Esta enseñanza, en tanto que contradice el principio fundamental de que la plenitud de la Fe nos fue dada por Cristo y los apóstoles, y en tanto que niega implícitamente la venida del Anticristo, cuando solamente un «remanente» guarde la fe, debe ser totalmente rechazada por un católico. Ciertamente, siempre hay necesidad de replicar a las nuevas cuestiones, y siempre pueden surgir nuevas formas de ignorancia (pues la verdad es una, pero el error, por su naturaleza misma es legión); se puede y se debe explicar la sagrada doctrina, pero nunca a expensas de aquello que le da su razón de ser - es decir, nunca a expensas de la verdad y de la efectividad. Adaptar (un eufemismo modernista para «alterar») las enseñanzas de la Iglesia a fin de hacerlas aceptables para el «mundo» es olvidar que el así llamado «mundo moderno» es intrínsecamente opuesto a ese «Reino de los Cielos» que la Iglesia considera; por su naturaleza misma, representa una ruptura con los valores tradicionales -es decir, está fundado sobre principios que reflejan una infidelidad básica a Cristo- y ha reemplazado el fuego del amor por el incendio de la rebelión. La Iglesia no puede ser adaptada a esta infidelidad, y aquellos que quieren hacer esto cometen adulterio espiritual; invocan sobre sí mismos todas las condenaciones que Jeremías impuso a los judíos que habían devenido una «generación de meretrices». La absurdidad de la posición adaptacionista puede verse más claramente si la comparamos a la proposición de que el padre del «hijo pródigo» debería salir y comer mondas con los cerdos. (Son justamente estas «mondas» las que están asfixiando a los fieles en la nueva Iglesia). La Iglesia solo puede matar el cordero cebado cuando el hombre moderno retorna al seno y al abrigo del Padre. Claramente, es el hombre moderno el que debe adaptarse a las enseñanzas de la Iglesia, y su no hacerlo así es manifiesto en las consecuencias que son evidentes en todo nuestro entorno. Apartarse de un principio básico tal es adaptar la verdad al error y falsificar el Magisterio. Es sustituir el desarrollo legítimo por el cambio - un procedimiento claramente condenado por los Cánones del Vaticano I.

«El significado de los sagrados dogmas que la santa madre Iglesia ha enseñado de una vez por todas debe retenerse siempre, y no puede desecharse bajo el disfraz o en el nombre de una penetración más profunda… Si alguien dijera que, a causa del progreso científico, puede ser posible algún día interpretar los dogmas de la Iglesia en un sentido diferente de ese que la Iglesia ha comprendido y comprende, ¡que sea anatema!»

«La doctrina de la fe que Dios ha revelado no ha sido propuesta a la inteligencia humana para ser perfeccionada por los hombres como si fuera un sistema filosófico, sino como un depósito divino confiado a la Esposa de Cristo para ser fielmente guardado e infaliblemente interpretado.»

Esta es la enseñanza de fide de la Iglesia. Esta ha sido siempre la enseñanza de la Iglesia. Como afirma el Cardenal Newman:

«Un desarrollo, para ser fiel, debe retener tanto la doctrina como el principio con el cual esta comenzó… Tal es también la teoría de los Padres en lo que concierne a las doctrinas fijadas por los concilios, lo cual se ejemplifica en el lenguaje de S. León: “Cuestionar lo que ha sido definido, quebrantar lo que ha sido establecido, ¿qué es esto sino ser desagradecido con lo que se ha ganado?” S. Vicente de Lérins habla de una manera semejante del desarrollo de la doctrina cristiana como perfectus fidei, non permutatio (como la perfección de la fe, y no su alteración).»


Todo esto está bien resumido por S. Alberto Magno, el maestro de Sto. Tomás de Aquino:

«Desarrollo»

afirma,

«es el progreso de los fieles en la fe, no de la fe dentro de los fieles».

(texto tomado del Libro "Destrucción de la Tradición Cristiana)

"Vendrá tiempo en que los hombres no sufrirán la sana doctrina; antes, por el prurito de oír novedades, se amontonarán maestros conforme a sus pasiones y apartarán los oídos de la verdad para volverlos a las fábulas. Pero tú sé circunspecto en todo, soporta los trabajos, haz obra de evangelista..." (San Pablo, II Tim. 4,4)

jueves, 24 de diciembre de 2009

Gloria in excelsis Deo!

La Natividad de Nuestro Señor Jesucristo.


A todos mis hermanos en Cristo que visitan este Blog Semper Fidelis les deseo de corazón una muy Feliz y Santa Navidad.

Que Cristo Luz del Mundo les colme de Gracias y Bendiciones.

"Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est"

Gloria in excelsis Deo,
et in terra pax hominibus bonae voluntatis.
Laudamus te,
Benedicimus te,
Adoramus te,
Glorificamus te,
Gratias agimus tibi propter magnam gloriam tuam,
Domine Deus, Rex caelestis, Deus Pater omnipotens.
Domine fili unigenite, Jesu Christe,
Domine Deus, Agnus Dei, Filius patris,
Qui tollis peccata mundi, miserere nobis.
Qui tollis peccata mundi, suscipe deprecationem nostram.
Qui sedes ad dexteram Patris, miserere nobis.
Quoniam tu solus sanctus,
Tu solus Dominus,
Tu solus Altissimus, Jesu Christe,
Cum Sancto Spiritu in gloria Dei Patris. Amen.


"Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre Emmanuel" (Isaías 7, 14).
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"Ante él se postrarán los moradores del desierto, y sus enemigos lamerán el polvo" (Salmos 72, 9).
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"Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño. Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor. Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre. Y repentinamente apareció con el ángel una multitud de las huestes celestiales, que alababan a Dios, y decían: ¡Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres! Sucedió que cuando los ángeles su fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado" (Lucas 2,8-15).

lunes, 7 de diciembre de 2009

8 de Diciembre

Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Siempre Virgen María.

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Atestiguaron que la carne de la Virgen tomada de Adán no recibió las manchas de Adán, y, de consiguiente, que la Virgen Santísima es el tabernáculo creado por el mismo Dios, formado por el Espíritu Santo, y que es verdaderamente de púrpura, que el nuevo Beseleel elaboró con variadas labores de oro, y que Ella es, y con razón se la celebra, como la primera y exclusiva obra de Dios, y como la que salió ilesa de los igníferos dardos del maligno, y como la que hermosa por naturaleza y totalmente inocente, apareció al mundo como aurora brillantísima en su Concepción Inmaculada. Pues no caía bien que aquel objeto de elección fuese atacado, de la universal miseria, pues, diferenciándose inmensamente de los demás, participó de la naturaleza, no de la culpa; más aún, muy mucho convenía que como el unigénito tuvo Padre en el cielo, a quien los serafines ensalzan por Santísimo, tuviese también en la tierra Madre que no hubiera jamás sufrido mengua en el brillo de su santidad.
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Y por cierto, esta doctrina (de la Purisima Concepción) había penetrado en las mentes y corazones de los antepasados de tal manera, que prevaleció entre ellos la singular y maravillosísima manera de hablar con la que frecuentísimamente se dirigieron a la Madre de Dios llamándola inmaculada, y bajo todos los conceptos inmaculada, inocente e inocentísima, sin mancha y bajo todos los aspectos, inmaculada, santa y muy ajena a toda mancha, toda pura, toda sin mancha, y como el ideal de pureza e inocencia, más hermosa que la hermosura, mas ataviada que el mismo ornato, mas santa que la santidad, y sola santa, y purísima en el alma y en el cuerpo, que superó toda integridad y virginidad, y sola convertida totalmente en domicilio de todas las gracias del Espíritu Santo, y que, la excepción de sólo Dios, resultó superior a todos, y por naturaleza más hermosa y vistosa y santa que los mismos querubines y serafines y que toda la muchedumbre de los ángeles, y cuya perfección no pueden, en modo alguno, glorificar dignamente ni las lenguas de los ángeles ni las de los hombres. Y nadie desconoce que este modo de hablar fue trasplantado como espontáneamente, a la santísima liturgia y a los oficios eclesiásticos, y que nos encontramos a cada paso con él y que lo llena todo, pues en ellos se invoca y proclama a la Madre de Dios como única paloma de intachable hermosura, como rosa siempre fresca, y en todos los aspectos purísima, y siempre inmaculada y siempre santa, y es celebrada como la inocencia, que nunca sufrió menoscabo, y, como segunda Eva, que dio a luz al Emmanuel.
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Bienaventurado Papa Pío IX, Bula Ineffabilis Deus.
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"Proclama mi alma la grandeza del Señor,y se alegra mi espíritu en Dios, mi Salvador; porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora todas las generaciones me llamarán bienaventurada, porque el poderoso ha hecho obras grandes por mi”. (San Lucas 1,48)
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domingo, 4 de octubre de 2009

¿No tienen temor de Dios?

No a la comunión en la Mano
bajo ningún pretexto.
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Sin considerar en lo mas mínimo la Fe Católica sobre la Presencia Real de Nuestro Señor en la Eucaristía, los Obispos de México han resuelto autorizar que la sagrada comunión se reciba en la mano, desde que apareció el virus AH1N1. Esto con el pretexto de evitar que se expanda este mal en la población.
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Podemos comprender las medidas tomadas por diversos organismos, como lo es la secretaria de Salud, para evitar que esta gripe, siga afectado a mas personas. Pero no se puede comprender como los Pastores de almas, que deben preocuparse por la salud espiritual de los fieles, y de procurar que Nuestro Señor sea Glorificado en todo lugar, no se preocupan por los desprecios contra Su Señor, al que dicen servir. ¿Que hacen los Obispos de México para evitar tantas irreverencias a Nuestro Señor en las sagradas especies?. ¿Acaso un mal tan grande, como lo es la comunión en la mano, sacrilegio autorizado, no trae peores consecuencias?. "El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él” (Jn 3,36).
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La comunión en la mano, es una practica sacrílega, que desde hace dos décadas se ha querido introducir en las parroquias, con patrocinio de la Jerarquía, desde la época del post concilio. Claro esta que la oposición a dicha practica no proviene de la Jerarquía, sino de los fieles católicos.
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En este espíritu "introductorio" a las desviaciones litúrgicas, podemos reconocer el trabajo de los Jesuitas, Lasallistas, redentoristas entre otros en este país, con su pretendida "liturgia sencilla y comprensible", que como epidemia mortal, ha contaminado a la mayoría del clero, sin olvidar a los Obispos de la liberación, y su pretendida "liturgia" indígena. Todas estas practicas, que felizmente aplauden los novadores de la Liturgia, fomentan el "insano arqueologismo", ya condenado por el Papa Pío XII en Mediator Dei. Por eso, desde que las Diócesis de México, autorizaron administrar la comunión en la mano, no se mostró en ningún templo "católico" alguna resistencia (en los sacerdotes) a tal practica, sino todo lo contrario.
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LA COMUNIÓN EN LA MANO PROVOCA CONFUSIÓN EN LOS AUN CATÓLICOS
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La recepción de esta practica, ha creado cierta confusión y pesar en gran parte de los fieles católicos, que se preguntan (Ver pregunta), ¿Como es posible, que siendo indigno, toque el Cuerpo de Cristo con mis manos?. Un sacerdote redentorista, durante una platica afirmaba que "la comunión en la mano" es un buen signo de madurez cristiana. ¿ ?, otros no dudan en afirmar que tal practica, es un gran paso para dejar en el pasado la concepción "medieval" del Ser Supremo, y acercar a Dios al pueblo sencillo. Ellos definitivamente no desean abrir sus ojos a la verdad, como reza la sentencia del Papa San León Magno: "Se recibe en la boca lo que se cree por la Fe".
Si creemos por la fe que Nuestro Señor esta presente en las sagradas especies, se comprende lo que dice el Concilio de Trento: "Siempre ha sido costumbre de la Iglesia de Dios, en la Comunión Sacramental, que los laicos tomen la comunión de manos de los sacerdotes, y que los sacerdotes celebrantes comulguen por sí mismos; costumbre que por razón y justícia DEBE MANTENERSE por provenir de la Tradición Apostólica ( sesión XIII).
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También quiero citar al Papa Pablo VI, al cual no dudan en llamar el Papa del Concilio, cuando dice que "La Santa Comunión recibida en la lengua "significa la reverencia de los fieles hacia la Eucaristía... provee que la Santa Comunión será distribuida con debida reverencia... es más conducente a la fe, reverencia y humildad... La [Comunión en la mano] conlleva ciertos peligros con ella que pudieran surgir de la nueva manera de administrar la Santa Comunión: el peligro de la pérdida de reverencia por el Augusto sacramento del altar, de profanación, de adulterar la verdadera doctrina." (Pablo VI en su instrucción Memoriale Domini (29 de Mayo, 1969). Ciertamente Pablo VI no es el mejor exponente de la Sana Doctrina, y de la Liturgia, pero era necesario citarlo.
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LOS OBISPOS DE MÉXICO: ¡CUIDEMOS QUE EL PUEBLO NO SE CONTAGIE!.. PERO PROFANEMOS AL SANTÍSIMO.
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La comunión en la mano ya es una practica regular en este país, y la influenza ha sido el gran pretexto para introducir este sacrílego uso en los aun católicos, que se siguen preguntando ¿hasta cuando esta medida?. En estos momentos son pocos los sacerdotes que administran la comunión en la boca, como es debido, otros consideran que es opcional el recibirla en la boca o en la mano. Incluso hay parroquias donde se esta "Catequizando" a los inadaptados que consideran que no es propio tomar el Cuerpo del Señor con las manos.
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Ante tal situación es una necesidad preguntarle a los Obispos de México, ¿que duración tendrá dicha medida?, o mejor dicho, si concluyeran las medidas contra la Influenza. ¿La Jerarquía mexicana emitirá un documento donde se reestablezca la comunión únicamente en la boca?. Porque si analizamos la cuestión, nos daremos cuenta que los modernistas están muy a gusto con tal practica, y no dudarán en seguir administrando la comunión en la mano, hasta disminuir la poca fe en la presencia real de Nuestro Señor que existe en los católicos mexicanos.
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Vale la pena mencionar el acertado comentario que hiciera la Asociación Una Voce Malaga, respecto a las medidas "de higiene y seguridad" que los obispos han adoptado: “¿Alguien ha tomado alguna gripe comulgando o en la pila de agua bendita?. ¿Es más grave esta gripe que una hepatitis, por ejemplo?. No entendemos que la Iglesia se ocupe de algo que no sea la salud espiritual. Por esa regla, que los obispos andaluces recomienden a los ancianos no ir a misa en agosto, no sea que les dé un golpe de calor. Y los párrocos gallegos que recomienden a los fieles no coger el coche cuando llueve, no vayan a tener un accidente. A un minusválido tampoco le ayudaremos a bajar los escalones de la catedral, no nos vaya a contagiar algo. Y, ya puestos, mejor que ni vayamos a misa, así hay más profilaxis”.
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Estos Obispos "preocupados" por la salud de su rebaño, ¿se acordaran despues de 45 años de aggiornamiento, del acto de desagravio al Sagrado Corazón de Jesús?
" Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente (...) las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que oponen resistencia a los derechos y al magisterio de la Iglesia por vos fundada"..
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ANTE EL SÓLO NOMBRE DEL NUESTRO SEÑOR SE DEBE DOBLAR TODA RODILLA.
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Toda criatura debe dar gloria a Dios según su propia naturaleza. En el hombre su naturaleza es la de ser unión de cuerpo y alma; por lo que el culto debido a Dios no se limita al alma; así, la actitud exterior del cuerpo manifiesta y facilita la disposición interior del alma.
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La forma preserva la substancia, enseña Santo Tomás; y los griegos ya notaban que no hay nada en el intelecto que no haya pasado por los sentidos. Por eso como se cree se reza y viceversa, por lo visible vamos a lo invisible. El apostól San Pablo, nos dice que ante el sólo nombre de Nuestro Señor Jesucristo se debe doblar toda rodilla en el Cielo, en la tierra y en los infiernos. Y si esto es así, ¿ Que será ante la presencia Real, infinitamente más que el sólo nombre ?.
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Si contemplamos con espíritu católico el Pesebre podemos reflexionar el porqué se representa a la Santísima Virgen de rodillas ante Su Divino Hijo y saber que en la Eucaristía, en la más mínima partícula, está El mismo con su Cuerpo, Alma y Divinidad, ante el cual no somos dignos ni siquiera de acercarnos y si su amor por la criatura lo llevó no sólo a hacerse hombre sino hostia, no significa que le podamos negar las muestras mínimas de adoración, amor y respeto, a este respecto todo lo que hagamos es poco. Si el sacerdote puede tomarlo con la mano para darlo es por que sus manos han sido ungidas y esa es su misión (dar lo sagrado-Sacer Dos).
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LA IRREVERENCIA.
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La irreverencia y la liviandad generalizadas con que se trata la Eucaristía en nuestros días es algo inédito en la Iglesia y han degenerado en esa falta de respeto que significa el “self-service” organizado en algunas ceremonias. Sí, comunión de pié, en la mano, mojando la Hostia en el Cáliz, el no preocuparse de las partículas que caen en el suelo, etc., etc. ha creado un clima de desacralización que unido a la poca preocupación por el estudio del más elemental catecismo, contribuye fuertemente a la paulatina, pero inexorable perdida de fe, especialmente en las nuevas generaciones que en su mayoría sólo tienen la noción de lo que ven.
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Un comunista, que le explicaron lo que enseña la Fe Católica al respecto de la Eucaristía, dijo: “No creo lo que ustedes dicen, pero si lo creyera, andaría de rodillas en su iglesia”.
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En el documento Eucharisticum mysterium (Instrucción sobre la adoración del Misterio Eucarístico), la Sagrada Congregación de los Ritos establece que: “DE ACUERDO A LAS COSTUMBRES de la Iglesia, los fieles pueden recibir la comunión tanto arrodillados como parados...” En este documento y el los otros, cuando se habla de lo que se permite se establece que es según las costumbres de la Iglesia; ahora bien, canónicamente sólo se considera COSTUMBRE la práctica que con anuencia de la jerarquía y pacíficamente, es decir sin resistencia alguna, se haya practicado por espacio mínimo de 30 años; por lo tanto está fuera de la misma norma Litúrgica positiva la imposición actual que se ejerce en muchos lugares para recibir y tratar la Santa Comunión.
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¡NO ULTRAJEMOS MAS A NUESTRO SEÑOR!
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"Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que ante el nombre de Jesús, toda rodilla se doble, en los cielos, en la tierra y en los abismos (Filip. 2, 9)

jueves, 27 de agosto de 2009

Una Visión del Mundo con base en Fátima

Una Visión del Mundo
con base en Fátima





La siguiente trascripción impresa de un discurso hecho en Fátima, Conferencia de Paz Mundial 2000, en octubre de 1999, nos ayuda a comprender mejor las circunstancias reales del Secreto de Fátima completo.
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Hoy es 13 de octubre de 1999, 82º aniversario del Milagro del Sol en Fátima, el 13 de octubre de 1917. Este milagro había sido predicho 3 meses antes, el 13 de julio de 1917. En aquella ocasión, Lucía de Fátima pidió a Nuestra Señora:
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“Quería que nos dijese quién es y que hiciera un milagro para que todos crean que Vd. se nos aparece.”
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Nuestra Señora respondió:
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“Continuad viniendo todos los meses. En octubre diré quién soy y lo que quiero, y haré un milagro para que todos vean y crean.”
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Y el 13 de octubre de 1917, hoy hace 82 años, 70.000 personas fueron testigos del gran Milagro del Sol. 70.000 personas vieron el sol danzando en el cielo y enseguida desplomándose en dirección a la tierra. Estos testigos, incluso el padre de Jacinta, Tío Marto, nos informan que estaban aterrados. Dijo él: “El sol... comenzó a moverse y a danzar hasta que pareció que se desprendía del cielo y caía sobre nosotros. Fue un momento espantoso.”
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Según los testigos, el milagro duró unos 8 minutos. Y después que el sol “retornó a su posición en el cielo”, el suelo, que antes del milagro estuviera encharcado por haber llovido toda la noche, estaba seco. Del mismo modo, las ropas de aquellos que habían permanecido bajo la lluvia, el día entero, estaban completamente secas.
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Dicen los testigos que, durante el Milagro del Sol, podían mirar directamente al sol sin quedarse ciegos ni perjudicar de ninguna forma sus ojos.
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“En Portugal se conservará siempre el dogma de la Fe” Vemos aquí la prueba (¿?) de la luz de la Fe de los Portugueses y su fidelidad a Nuestra Señora de Fátima
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En este siglo, Nuestra Señora realizó para nosotros uno de los más asombrosos milagros de todos los tiempos — un milagro público predicho 3 meses antes y atestiguado por 70.000 personas. Este milagro llegó a ser publicado hasta en el periódico liberal, anticlerical y masónico O Século. La noticia del periódico del 15 de octubre de 1917 decía:
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“Vimos a una inmensa multitud volverse hacia el sol, que estaba en su cenit, sin nubes. Parecía una bandeja de plata y era posible mirarlo fijamente sin ningún inconveniente. No quemaba los ojos. No cegaba. Podríamos decir que se produjo un eclipse. En ese momento surgió un tremendo clamor y se oyó gritar a la multitud que estaba cerca de nosotros: ‘¡Milagro!... ¡Milagro!... ¡Prodigio!... ¡Prodigio!...’ Delante de los ojos aturdidos de las personas cuya actitud nos transportó a los tiempos bíblicos, y que, enmudecidas, con la cabeza descubierta, contemplaban el azul del cielo, el sol tembló, hizo unos movimientos extraños y abruptos, contra todas las leyes cósmicas, ‘el sol danzó’, según la típica expresión de los campesinos.”
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Éste ha sido, sin sombra de duda, el milagro público más grande que el Cielo realizó desde que Nuestro Señor fundó Su única y verdadera Iglesia Católica.
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Por consiguiente, yo pienso que podemos decir que la magnitud de este milagro corresponde a la magnitud y a la importancia del Mensaje que Nuestra Señora dio en Fátima. Y fue tan espectacular la forma de este milagro, en especial con la danza del sol en el cielo y desplomándose enseguida hacia la tierra, que se hacía imposible desviar de él la mirada; de tal modo, el propio Mensaje de Fátima es de tal magnitud, de tal importancia, tan central, que yo creo que a través de este milagro Nuestra Señora nos estaba diciendo que nunca, jamás debemos desviar la mirada de Fátima, jamás desviar la mirada de Su Mensaje, no consentir jamás que ninguna cosa nos desvíe la atención de Su Mensaje.
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Es éste el motivo por el que esta presentación se titula “Una visión del Mundo con base en Fátima.” Nuestra Señora vino a Fátima al principio de este siglo, uno de los siglos más ateos de todos los siglos. El mundo se encuentra actualmente impregnado no sólo de paganismo, sino de un paganismo poscristiano, que es mucho peor que el paganismo precristiano. El paganismo precristiano no había oído hablar de Cristo. Pero el paganismo poscristiano ha oído el mensaje de Cristo y lo ha rechazado y a Su única y verdadera Iglesia. Por eso es ésta una situación mucho peor que la del antiguo paganismo, que era ignorante de Cristo.
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El Mensaje de Fátima tiene que ser central en nuestra vida católica; central en nuestra visión del mundo. Yo creo que todo lo que Nuestra Señora hizo en Fátima nos muestra que debemos basar nuestra visión completa del mundo en el Mensaje de Fátima y no en ninguna otra cosa que pudiera entrar en conflicto con él.
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Hago hincapié en esto porque para muchos la devoción a Nuestra Señora de Fátima no es central. Es con frecuencia un asunto marginal, periférico. Como una devoción a Santa Rita, o a San Judas o a San Antonio. Se le considera un buen y provechoso suplemento para nuestra vida espiritual, pero es sólo una devoción marginal, sólo de importancia secundaria y que no tomamos suficientemente en serio.
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Las visitas de Nuestra Señora en Fátima nos han proporcionado la base para una completa visión del mundo — una visión del mundo que no está fuera de moda, que no está fuera de época. Y esta visión del mundo con base en Fátima nunca se puede “actualizar” para que signifique algo distinto de su significado original; ni tampoco puede tener un papel secundario ni ser alterada ni eclipsada por la superstición del aggiornamento. Nada de lo que ha sucedido en este siglo puede exceder en importancia al Mensaje que Nuestra Señora dio en Fátima.
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Y el Mensaje de Fátima no es otra cosa sino una urgente reafirmación de la doctrina tradicional de la Iglesia, y una reafirmación de la urgente necesidad de reparación, con consecuencias especiales para nuestros tiempos.
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Nos libera de slogans populares
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La verdad tiene una cualidad liberadora. Nuestro Señor dijo “La verdad os hará libres”. Y el Mensaje de Fátima nos libra de caer en los numerosos y vacíos slogans populares de la actualidad. Nos impide caer en el slogan de que las Naciones Unidas ateas son “la última grande esperanza de paz para la Humanidad”. Nos impide caer en el slogan de que estamos entrando en una “nueva primavera” con el advenimiento del nuevo milenio. Nos impide caer en el slogan de que estamos actualmente en el umbral de alguna nueva "civilización del amor" en la cual los católicos y los miembros de religiones falsas pueden dejar de lado sus diferencias para trabajar juntos con el objetivo de convertir el mundo en un lugar mejor. (Es interesante que la noción de que católicos y no católicos pueden colaborar juntos para construir una especie de nueva “civilización del amor” en la realidad ya fue condenada por el Papa San Pío X al condenar el Movimiento Sillon en Francia en 1910.)
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Debemos observar que las dos expresiones tan populares hoy en día, “Una Nueva Primavera” y “Una Civilización del Amor” — ninguna de ellas contiene cualquier mención del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora. Sin embargo, Nuestra Señora hizo realmente en Fátima la promesa de una gran victoria. Pero no la llamó una “nueva primavera”, ni la llamó una “civilización del amor”. La llamó “El Triunfo de Mi Inmaculado Corazón”. Nuestra Señora vino a Fátima con el Mensaje de que “Dios quiere establecer en el mundo la devoción a Mi Inmaculado Corazón.” No habrá victoria, no habrá “nueva primavera” a no ser que un número suficiente de católicos cumpla fielmente los pedidos de Nuestra Señora de Fátima. Éste tiene que ser nuestro centro de gravedad. Pasemos ahora en revista Sus pedidos.
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En Fátima, Nuestra Señora nos pidió que:
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* recitemos diariamente por lo menos Cinco Decenas del Rosario;
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* usemos el Escapulario Marrón;
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* ofrezcamos a Dios nuestros deberes diarios como un acto de sacrificio;
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* hagamos los Cinco Primeros Sábados de Reparación a Su Inmaculado Corazón;
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* Nuestra Señora pidió también que el Papa, en unión con todos los obispos del mundo, consagrase Rusia a Su Inmaculado Corazón, prometiendo la conversión de Rusia a través de esos medios, y un período de paz que le será concedido al mundo.
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Esta consagración aún tiene que ser realizada.
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Mi pequeña contribución a la demostración de que Rusia no ha sido consagrada, y no ha sido convertida, proviene de un pequeño artículo en el Toronto Sun, de 9 de agosto de 1999, el cual informa que Larry Flint, el así llamado “Rey de la Pornografía”, acaba de publicar en Moscú una versión rusa de la revista Hustler. Para quien no sabe lo que es, la revista Hustler es una de las revistas pornográficas más gráficas en los Estados Unidos. Es una industria multimillonaria con enorme circulación. Larry Flint se jactó de haber enviado suscripciones gratuitas de esta revista a todos los miembros del parlamento ruso. Estos 15 años después de la consagración en 1984; una consagración que no mencionó a Rusia por su nombre, cosa que Nuestra Señora había pedido.
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Con el Triunfo del Inmaculado Corazón de Nuestra Señora, ¡Larry Flint sería incapaz de llevar esto adelante!
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Reverencia a la Tradición
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Así, pues, quiero explicar por qué el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima tiene que ser central en nuestra visión del Mundo.
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Primero que todo, lo que hace que el Mensaje de Fátima sea eminentemente confiable es que Nuestra Señora de Fátima mostró un respeto profundo a la doctrina inalterada y consistente de la Iglesia a través de los siglos. Cuando Nuestra Señora vino a Fátima, no nos dio cualquier doctrina nueva, ni nos dio cualquier nueva interpretación de la doctrina católica que se desviase de la enseñanza constante de los siglos. Dijo San Pablo “Pero aún cuando nosotros mismos, o un ángel del cielo os predique un evangelio diferente del que nosotros os hemos anunciado, sea anatema.” (Gál. 1, 8)
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Y Nuestra Señora siguió estas sacrosantas directivas. No sólo mostró un profundo respeto hacia lo que la Iglesia siempre ha enseñado, con el mismo significado y con el mismo sentido (eadem sententia eodem sensu), sino que reafirmó las doctrinas y orientaciones cruciales. Y las doctrinas y orientaciones que Ella reafirmó pueden darnos una guía para aquellas doctrinas que sufren los más grandes ataques en nuestro siglo.
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Nuestra Señora en el Plan de la Salvación
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En primer lugar, el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima consolida la profunda importancia de Nuestra Señora en el plan de la salvación. Sabemos por el Mensaje que la salvación del mundo, la conversión de Rusia y la paz mundial, dependen, en definitiva, de que la humanidad cumpla el deseo de Dios, de establecer en el mundo la devoción al Inmaculado Corazón de María. La centralidad y la importancia de Nuestra Señora son acentuadas de nuevo en Fátima.
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Ahora bien; un buen mariólogo podría hablar todos los días de como Nuestra Señora es central en el plan de la salvación. Pero deseo detenerme en un aspecto de esta verdad. Esto es: Nuestra Señora fue absolutamente necesaria para que Cristo se hiciese hombre — quizás debiera decir Hijo del Hombre. Dios, que es Todopoderoso, no se habría hecho miembro de la raza humana sin María, no se habría hecho “Hijo del Hombre” sin Nuestra Señora. Esto no es una enseñanza mía, sino del gran Abad benedictino Marmion (1858-1923). Él ha sido probablemente el más grande escritor espiritual del siglo XX. Respecto a la obra del Abad Marmion dijo el Papa Benedicto XV “léanla, es la pura doctrina de la Iglesia.”
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El Abad Marmión comenta en sus libros que, para que Nuestro Señor se hiciese verdaderamente miembro de nuestra raza humana, un Hijo de Adán, un “Hijo del Hombre”, Él dependía absolutamente de que Nuestra Bendita Madre le dijese “sí” al ángel que Le preguntó si consentía en ser Madre del Dios-Hombre, Jesucristo. Por supuesto, Nuestro Señor podría haberse hecho hombre por sí mismo, sin la intervención de Nuestra Señora. Podría en un instante haber asumido una naturaleza humana de la materia que creó de la nada, y aparecer ante nosotros como un hombre. Pero no hizo esto; Él sería, por decirlo así, como un habitante de otro planeta resplandeciendo sobre la tierra. No habría forma de considerarlo como siendo parte de nuestra raza humana. Podría ser visto como un hombre, caminar como un hombre, hablar como un hombre. Pero jamás podríamos verlo como siendo realmente parte de nuestra familia humana, parte de nuestra sangre, parte de nuestra raza humana. Jamás podríamos verlo como un auténtico descendiente físico de nuestros primeros padres, Adán y Eva. No tendríamos ninguna sensación de parentesco con Su humanidad.
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Para que Nuestro Señor llegase a tener verdaderamente parentesco con nosotros, verdaderamente parte de la familia humana que necesitaba la redención, fue absolutamente necesario que naciera de una hija de Adán y Eva, y esta “hija” fue la Pura e Inmaculada Siempre Virgen María. Ella fue absolutamente esencial.
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Dios dependió de Nuestra Señora para que Nuestro Señor Jesucristo verdaderamente pudiese llamarse a Sí Mismo el “Hijo del Hombre”. Y, como comenta el Abad Marmion, parece que el título de “Hijo del Hombre” es la descripción de Sí Mismo que Nuestro Señor consideraba más apreciada para Su Corazón mientras estuvo en la tierra. El Abad Marmion explica que, al referirse a Sí Mismo, Nuestro Señor usó más la expresión “Hijo del Hombre” que cualquier otro título.
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Y de igual modo, el Mensaje de Fátima nos ayuda a recordar nuestra dependencia en relación a Nuestra Señora. Nos recuerda que la devoción a Ella, y en particular a Su Inmaculado Corazón, no es una cosa periférica, no es algo extra u opcional. ¡No! Nuestro Señor hizo de la devoción a Su Inmaculado Corazón una condición ineludible para la conversión de Rusia, para poder asegurar al mundo un período de paz.
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Doctrinas fundamentales afirmadas
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Además, en el Mensaje de Fátima vemos afirmados los dogmas fundamentales de nuestra Fe. Cuando Nuestra Señora vino a Fátima:
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* Ella habló de la doctrina del Cielo,
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* Ella habló de la doctrina del Infierno,
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* Ella habló de la doctrina del Purgatorio,
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* Ella habló de la doctrina de la Sagrada Eucaristía,
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* Ella habló de la doctrina del Sacramento de la Penitencia.
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E indirectamente Ella habló de la doctrina del Reino Social de Jesucristo — y afirmó la doctrina papal tradicional de que sólo hay una Iglesia verdadera, fuera de la cual no hay salvación, y que los Estados y los Gobiernos deben reconocer esta Iglesia como tal y deben reconocer el poder indirecto de la Iglesia sobre el Estado y sobre la sociedad civil. Todo esto está implícito en el pedido de Nuestra Señora, de que el Papa consagre Rusia a Su Inmaculado Corazón.
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Primero, el Cielo. El 13 de mayo de 1917, cuando Lucía le preguntó a Nuestra Señora “¿De dónde es Vd.?”, Ella contestó: “Yo soy del Cielo”. Nuestra Señora está en el Cielo, en cuerpo y alma. El Cielo es un lugar, un lugar real, y no solamente un estado de espíritu. Y según el Mensaje, es un lugar que alcanzaremos sólo si vivimos la vida sacramental de la gracia santificadora a través de ser miembros del Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia Católica.
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Nuestra Señora nos recordó también la doctrina del Infierno. Que el Infierno existe. Que es un lugar; y que las almas humanas van allí, han ido allí y están allí actualmente. Nuestra Señora ciertamente no era seguidora del teólogo progresista Hans Urs von Balthasar, el cual especuló que “el infierno existe, pero está vacío”.
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No. Nuestro Señor dijo: “la verdad os hará libres”. Y la afirmación de Nuestra Señora de la doctrina del Infierno nos libra de todos los errores de von Balthasar y de sus seguidores, no importa quiénes sean.
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Aún más impresionante: Nuestra Señora no solamente habló con aquellos niñitos acerca de la realidad del Infierno. El 13 de julio de 1917, Nuestra Señora de Fátima les dio a los tres niños una visión terrorífica del Infierno. Este es un relato de las propias memorias de Sor Lucía:
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“Nuestra Señora abrió las manos como en los meses anteriores. El reflejo pareció penetrar la tierra y vimos como un mar de fuego. Sumergidos en este fuego estaban los demonios y las almas como si fuesen brasas transparentes y negras o bronceadas con forma humana. Llevados por las llamas que de ellos mismos salían, juntamente con horribles nubes de humo, flotaban en aquel fuego y caían para todos los lados igual que las pavesas en los grandes incendios sin peso y sin equilibrio, entre gritos de dolor y desesperación que horrorizaban y hacían estremecer de espanto. (Debió ser ante esta visión cuando dije aquel ‘Ay!’, que dicen me oyeron.) Los demonios se distinguían por formas horribles y repugnantes de animales espantosos y desconocidos pero transparentes igual que carbones encendidos. Esta visión duró sólo un momento. Y gracias a que la Santísima Virgen en la primera aparición nos había prevenido con la promesa de llevarnos al cielo, porque si no yo creo que habríamos muerto de susto y pavor.”
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Nuestra Señora les dijo entonces:
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“Visteis el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlos Dios quiere establecer en el mundo la devoción a mi Inmaculado Corazón.”
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Fue ésta una visión pavorosa dada a los niños. Sor Lucía afirmó muy claramente que “los demonios se distinguían [de las almas de los condenados]”. Por lo tanto, esto demuestra que es completamente falsa la teoría de von Balthasar [de que el Infierno existe, pero está vacío — u otra opinión, de que “sabemos que existen demonios en el Infierno, pero no sabemos realmente si hay seres humanos en el Infierno]. En el Infierno hay demonios y en el Infierno hay almas humanas. Esta visión les dio a los niños la gracia y el ánimo de realizar sacrificios heroicos por la salvación de las almas.
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Nuestra Señora afirmó también la doctrina sobre el Purgatorio.
El 13 de mayo de 1917, Lucía le preguntó a Nuestra Señora acerca de dos amigas suyas recientemente fallecidas.
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Lucía preguntó: “¿María das Neves ya está en el Cielo?” (esta joven había fallecido aproximadamente a los 16 años).
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Nuestra Señora respondió: “Sí, ya está”. Entonces Lucía Le preguntó sobre otra amiga suya que había fallecido de 18 ó 20 años: “¿Y Amelia?” Nuestra Señora contestó: “Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo.”
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Esta afirmación de Nuestra Señora también contradice los falsos credos protestantes que rechazan el Purgatorio. Precisamente por aquella única declaración “Estará en el purgatorio hasta el fin del mundo”, Nuestra Señora les está diciendo a los protestantes que “vuestra doctrina protestante que rechaza el Purgatorio es falsa”.
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Nuestra Señora afirmó la enseñanza sobre el Sacramento de la Confesión. Ella estableció la confesión sacramental como una condición necesaria para que las almas cumpliesen los pedidos para los Cinco Primeros Sábados.
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Y una vez más, por medio de esto, Nuestra Señora les está diciendo a nuestros amigos protestantes: “vuestra doctrina protestante que rechaza el sacramento de la Confesión es falsa”.
A seguir, la Sagrada Eucaristía.
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Las apariciones de Fátima no solamente afirman la doctrina de la Eucaristía, sino que afirman también el deber del hombre de reverenciar la Sagrada Eucaristía como el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo.
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En 1916, un año antes que Nuestra Señora viniese a Fátima, Jacinta, Francisco y Lucía fueron favorecidos con tres apariciones separadas de un ángel — precursor de las visitas de Nuestra Señora. La tercera y última de las apariciones del ángel ocurrió en el otoño de 1916, con el “Angel de la Eucaristía”.
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En esta ocasión, cuando el ángel vino para administrar a los niños la Sagrada Eucaristía, no apareció con una sonrisa de oreja a oreja diciéndoles: “¡Oh, niños!, estoy aquí para deciros que el propósito de la Eucaristía es inculcar en vosotros un sentido de comunidad y solidaridad, promoviendo el diálogo y las relaciones personales, y celebrando la dignidad inherente del ser humano a través de la unidad en la diversidad.”
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No fue ésta la escena, de ninguna manera.
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Lucía nos cuenta que era mediodía y los niños estaban postrados, recitando las oraciones de reparación que en la primavera anterior les había enseñado el “Ángel de la Paz”. Escribe Lucía:
“No sé cuantas veces habíamos repetido esta oración cuando advertimos que sobre nosotros brillaba una luz desconocida. Nos incorporamos para ver lo que pasaba y vimos al ángel teniendo el la mano izquierda un cáliz sobre el cual está suspensa una hostia de la que caen algunas gotas de sangre dentro del cáliz. El ángel deja suspenso el cáliz en el aire, se arrodilla con nosotros y nos hace repetir tres veces:
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‘Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, Te adoro profundamente, y Te ofrezco el Preciosísimo Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo, presente en todos los sagrarios de la tierra, en reparación de los ultrajes, sacrilegios e indiferencias con que El mismo es ofendido. Y por los méritos infinitos de Su Santísimo Corazón y del Corazón Inmaculado de María Te pido la conversión de los pobre pecadores.’”
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Escribe Lucía que el ángel se levantó, tomó otra vez el Cáliz y la Hostia en sus manos, y les dio la Comunión a los tres niños, colocando la Santa Hostia en la lengua de Lucía y repartió la Sangre del Cáliz entre Francisco y Jacinta, diciendo al mismo tiempo:
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“Comed y bebed el Cuerpo y Sangre de Jesucristo horriblemente ultrajado por los hombres ingratos. Reparad sus crímenes y consolad a vuestro Dios.”
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Después de esto, relata Lucía que el ángel “[se postró] de nuevo en tierra repitió con nosotros otras tres veces la misma oración: ‘Santísima Trinidad... etc.’ , y desapareció.”
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¿Es posible que el Cielo envíe a la humanidad una instrucción más convincente sobre cómo se debe reverenciar y venerar la Sagrada Eucaristía? Por sus actos el ángel no sólo instruyó a los tres niños de Fátima, sino también a todo el siglo XX y a todas las naciones hasta el fin de los tiempos.
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Una vez más, la actitud peculiar del ángel con relación a la Eucaristía estaba en plena conformidad con la doctrina y con la práctica tradicionales de la Iglesia:
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* El ángel estaba arrodillado, postrado con su faz hacia el suelo. Al hacer esto, estaba reconociendo la Soberana Majestad y Divinidad de Jesucristo verdaderamente presente en la Eucaristía. Esto nos recuerda la gran reverencia que le debemos al Santísimo Sacramento.
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* El ángel recitó oraciones de reparación por las blasfemias y sacrilegios cometidos contra el Santísimo Sacramento, como si estuviese previendo los innumerables ultrajes que ocurrirían contra el Santísimo Sacramento, especialmente después de 1960.
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* El ángel rezó, a través del Inmaculado Corazón de María, por la conversión de los pobres pecadores, especialmente — podemos deducir por el contexto — de aquellos que pecan contra la Sagrada Eucaristía.
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* El ángel no le dio a Lucía la Comunión en la mano.
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Los tres niños de Fátima supieron que el ángel fue enviado para instruirlos, y para que siguiesen su ejemplo. Escribe Lucía:
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“... Llevado[s] por una fuerza sobrenatural que a eso nos movía... nos postrábamos para rezar esa oración...permanecimos en la misma actitud repitiendo siempre las mismas palabras...”
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Además, parecía que el ángel era un mensajero celestial de Dios dándonos el ejemplo de la profunda reverencia que le debemos al Santísimo Sacramento. Y, una vez más, la doctrina de la Sagrada Eucaristía es rechazada por protestantes, judíos, musulmanes, hindúes, budistas. El Cielo está diciendo a todas estas religiones fabricadas por el hombre que su doctrina es errónea, que sus credos son falsos.
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Los Cinco Primeros Sábados
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Antes de entrar en la próxima sección, que trata de los Cinco Primeros Sábados, quiero hacer una observación. A la luz de lo que podríamos llamar “sensibilidades ecuménicas”, existe actualmente una tendencia para reducir la importancia de las sólidas verdades católicas, en consideración a una orientación ecuménica. Esta nueva idea dice que, al tratar con no católicos, no deberíamos concentrarnos demasiado en aquellas cosas que nos dividen, sino dejarlas de lado, y concentrarnos en aquéllas que nos unen.
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En contraste, vemos que no es ésta la manera que Nuestra Santa Madre adoptó en Fátima. Nuestra Señora reconoció que Su primer deber es enseñar la Verdad. Y al dar énfasis
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* al Rosario,
* a la devoción de Su Inmaculado Corazón,
* al Escapulario del Monte Carmelo,
* al Purgatorio,
* a la autoridad del Papado,
* al Sacramento de la Confesión,
* a la Sagrada Eucaristía como el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Jesucristo
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Nuestra Señora está dando énfasis a todos los puntos verdaderos que DIVIDEN a los Católicos de los Protestantes, y que DIVIDEN a los Católicos de todas las demás religiones sobre la faz de la tierra.
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¿Podrá alguno de nosotros reclamar que en nuestro enfoque queremos saber más que la Madre de Dios?
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Y el Mensaje de Fátima no sólo hace hincapié en estos puntos que nos dividen, sino que explica claramente que, en el orden objetivo, aquellos que no creen estas verdades, y especialmente aquellos que rehúsan a darle a Ella el honor que Le es debido, son culpables del crimen de blasfemia.
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Nuestro Señor enseñó esto de una forma delicada pero firme cuando explicó los Cinco Primeros Sábados de Reparación. La devoción de los Cinco Sábados a Nuestra Señora no es algo nuevo. No fue una innovación. Una vez más, al pedir los Cinco Primeros Sábados, Nuestra Señora estaba mostrando un profundo respeto a la Tradición. En 1892, el Papa León XIII concedió una indulgencia plenaria a todos los fieles que dedicasen 15 Sábados consecutivos en honor de Nuestra Señora del Rosario.
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Posteriormente, el Papa San Pío X concedió una indulgencia plenaria a todos los que hiciesen los Doce Primeros Sábados en honor de Nuestra Señora. Además de eso, el 13 de junio de 1912 el Papa San Pío X concedió nuevas indulgencias a los Fieles que practicasen la devoción de Reparación a Nuestra Señora en los Primeros Sábados de cada mes.
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Y cinco años después de ese día, el 13 de junio de 1917, Nuestra Señora mostró a los 3 niños de Fátima Su Inmaculado Corazón, “rodeado de espinas que parecían clavarlo”, pidiendo reparación.
Al pedir por los Cinco Primeros Sábados, Nuestra Señora tomó una devoción tradicional, la simplificó y le dio una mayor eficacia.
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El 10 de Diciembre de 1925, cuando Sor Lucía a los 18 años era una postulante en Pontevedra, se le aparecieron Nuestra Señora y el Niño Jesús. Dijo Nuestro Señor:
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“Ten pena del Corazón de Su Santísima Madre que está rodeado con las espinas que los hombres ingratos constantemente le clavan sin haber quien haga un acto de reparación para quitárselas.”
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El Niño Jesús está preocupado con estos pecados contra Su Madre. A seguir, Nuestra Bendita Madre le dijo a Lucía:
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“Mira, hija Mía, Mi Corazón rodeado de espinas que los hombres ingratos en cada momento me clavan con blasfemias e ingratitudes. Tú al menos, haz por consolarme y di que a todos aquellos que durante cinco meses, en el primer sábado, se confiesen, reciban la sagrada comunión, recen el Rosario y Me acompañen 15 minutos meditando sus misterios con el fin de desagraviarme, Yo prometo asistirles en la hora de la muerte con todas las gracias necesarias para su salvación.”
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Posteriormente, el confesor de Sor Lucía, el Padre Gonçalves, le pidió a que hiciese algunas preguntas a Nuestra Señora acerca de los Cinco Primeros Sábados.
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Una de las preguntas que él hizo fue: “¿Por qué cinco sábados, y no nueve o siete en honor de los Dolores de Nuestra Señora?”
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Durante la revelación de Nuestro Señor en Tuy el 29 de mayo de 1930, Sor Lucía formuló esa pregunta. Fue ésta la respuesta que le dio el Cielo:
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“Hija Mía, el motivo es sencillo. Cinco son las clases de ofensas y blasfemias proferidas contra el Inmaculado Corazón de María:
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1. Las blasfemias contra la Inmaculada Concepción.
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2. Las blasfemias contra Su Virginidad Perpetua.
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3. Las blasfemias contra la Maternidad Divina, rehusando al mismo tiempo recibirla como la Madre de los hombres.
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4. El tratar de infundir públicamente en el corazón de los niños la indiferencia, el desprecio y hasta el odio para con esta Inmaculada Madre.
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5. Los ultrajes dirigidos a Ella en Sus sagradas imágenes
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Por consiguiente, es esto lo que quiero decir cuando digo que, indirectamente y en el orden objetivo, Nuestro Señor ha acusado a todos los miembros de religiones no católicas de ser culpables de blasfemia contra el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora.
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Veamos una vez más estas cinco ofensas:
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1. Blasfemias contra la Inmaculada Concepción
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La mayoría de los protestantes, así como la mayoría de los ortodoxos orientales, no creen en la Inmaculada Concepción. Tampoco lo creen, por supuesto, los judíos, musulmanes, hindúes, budistas, francmasones, comunistas, socialistas, humanistas seculares, etc.
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2. Blasfemias contra Su Perpetua Virginidad
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Una vez más, esto acusa a la mayor parte de los protestantes, judíos, musulmanes, hindúes, budistas, la gran mayoría de los cuales no cree en Su Perpetua Virginidad. De hecho, muchos católicos hoy en día no creen en Su Perpetua Virginidad.
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3. Blasfemias contra Su Divina Maternidad, rehusándose además a reconocerla como Madre de los Hombres
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Por supuesto, sabemos que los musulmanes, judíos, hindúes, budistas rechazan esta doctrina, especialmente porque no creen que Jesucristo es Dios. Y Nuestro Señor advirtió: “Nadie viene al Padre sino por Mí.”
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4. Las blasfemias de todos los que públicamente siembran en el corazón de los niños la indiferencia o el menosprecio o hasta el odio a esta Madre Inmaculada
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Nuevamente, es ésta la situación de los protestantes, judíos, musulmanes, hindúes, budistas y la mayoría de otras falsas religiones. Los miembros de esas religiones enseñarán a sus niños a no atribuir ninguna importancia a Nuestra Señora ni a Su Inmaculado Corazón. Obsérvese también que a los ojos del Señor esto no es cosa de poca importancia. Él llama a esto blasfemia y convoca a los católicos a caer de rodillas y hacer reparación por estos grandes pecados. Son espinas en el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora.
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5. Las ofensas de aquellos que La insultan directamente en sus Sagradas Imágenes.
Esto incluye aquellos que realmente destruyen Sus Imágenes, o las ridicularízan, o aquellos protestantes que acusan de idolatría a los católicos porque tienen estatuas de Nuestra Señora en los lugares de honor en sus residencias.
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Además de ser una llamada a la penitencia, ésta es una acusación contra todas las religiones no católicas.
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Por lo tanto, Nuestro Señor NO está utilizando el enfoque moderno ecuménico. NO está dando énfasis a aquellos puntos que nos unen a las falsas religiones. Está dando énfasis a aquellos puntos que nos separan de los no católicos. Al hacer eso, creo que Nuestro Señor nos está diciendo que esos puntos son mucho más importantes que cualquier unidad ecuménica superficial. Está haciendo hincapié en que estas blasfemias contra el Inmaculado Corazón de Nuestra Señora no pueden ser consideradas frívolamente. Son, de hecho, pecados contra la Fe.
Tradición de reparación
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En este momento, quiero volver a un punto que hice antes. En todo lo que ha hecho Nuestra Señora de Fátima mostró un profundo respeto por la tradición, y que los Cinco Primeros Sábados eran, y aún son, una devoción tradicional. Por supuesto, doctrinariamente Nuestra Señora no estaba enseñando nada nuevo. En efecto, Ella fue muy obediente al Primer Concilio Vaticano, que enseñó como artículo de fe — de fide — que no se puede alterar el significado de la Sagrada Doctrina. El 1er. Vaticano enseñó:
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“El significado de los Dogmas Sagrados, que deben ser preservados para siempre, es el que nuestra Santa Madre Iglesia ha determinado. No es posible alejarse nunca de esto, en nombre de una comprensión más profunda.” (1)
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Así, pues, ya sea la doctrina del Purgatorio, o la doctrina de la Sagrada Eucaristía, o la doctrina de la Confesión, o la doctrina establecida de que sólo hay una Iglesia verdadera, fuera de la cual no hay salvación, el 1er. Concilio Vaticano enseñó que el significado de estas doctrinas jamás se puede cambiar. Y vemos que Nuestra Señora fue absolutamente fiel a esto.
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En 1918, el gran Cardenal Mercier, de Bélgica, afirmó que la Primera Guerra Mundial fue un castigo por el crimen de los hombres al colocar la única religión verdadera en el mismo nivel de los falsos credos. Dijo Cardenal Mercier, “En nombre del Evangelio y a la luz de las Encíclicas de los cuatro últimos Papas, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII y Pío X, yo no recelo en afirmar que esta indiferencia hacia las religiones, que coloca en el mismo nivel la religión de origen divino y las religiones inventadas por los hombres, a fin de incluirlas en el mismo escepticismo, es la blasfemia que atrae el castigo sobre la sociedad mucho más que los pecados de los individuos y de las familias.”
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Por desgracia, la practica actual de ecumenismo y el “espíritu de Asís”, coloca la religión católica verdadera en el mismo nivel de las religiones inventadas por los hombres. Según el Cardenal Mercier, ésta es la blasfemia que provocará el Castigo Divino.
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Además, en Fátima, Nuestra Señora demuestra Su continuidad con las revelaciones especiales hechas por el Cielo a la Iglesia en el siglo XIX; ya sea su aparición en Lourdes, en La Salette, ya sean las manifestaciones de Nuestro Señor a Sor María de Saint-Pierre en Francia en la década de 1840. Todos constituyen el mismo mensaje urgente.
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Cuando Nuestra Señora apareció en Lourdes en 1858, pidió para “hacer penitencia, hacer reparación”. Cuando Nuestra Señora apareció en La Salette en 1846, suplicó que se “hiciese penitencia”, que se “hiciese reparación”. Y avisó en La Salette que Francia podría ser castigada principalmente por dos pecados: por los pecados contra la profanación de los domingos (pecados contra el Tercer Mandamiento) y por usar el nombre de Dios en vano (pecados contra el Segundo Mandamiento).
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Esto también está en consonancia de una manera muy especial con las revelaciones, aprobadas por la Iglesia, transmitidas por Nuestro Señor a Sor María de Saint-Pierre en la década de 1840. Sor María de Saint-Pierre era una monja carmelita en Francia, que murió con poco más de 20 años (una historia fascinante que no tenemos tiempo de relatar en detalle).
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En estos mensajes (como en Fátima), Nuestro Señor confirmó la gran necesidad de hacer reparación. Y Nuestro Señor pidió en particular la reparación a Su Santa Faz. Nuestro Señor le dio a Sor María de Saint-Pierre una oración especial llamada FLECHA DORADA (en reparación por las blasfemias), que indicaré enseguida. Y el 24 de noviembre de 1843, Nuestro Señor le dijo a Sor María de Saint-Pierre:
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“La Tierra está cubierta de crímenes. La violación de los Tres Primeros Mandamientos de Dios ha irritado a Mi Padre; el Santo Nombre de Dios es blasfemado (2º Mandamiento) y los Días Santificados del Señor son profanados (3er. Mandamiento) llenando completamente la medida de las iniquidades. Estos pecados ascienden hasta el trono de Dios provocando Su ira que pronto irrumpirá si no se aplaca Su justicia. En ninguna otra época esos crímenes alcanzaron tal intensidad.” (2)
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Esto se refiere a la década de 1840, que consideramos “los buenos viejos tiempos”. Actualmente está todo mucho peor.
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Durante estas revelaciones, Nuestro Señor pidió que se formase una asociación de Reparación de la Santa Faz y dictó también la oración, LA FLECHA DORADA, para la reparación contra las blasfemias:
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“Que el Santísimo, Sacratísimo, adorabilísimo, misteriosísimo e inefable Nombre de Dios sea alabado, bendito, amado, adorado y glorificado, en el Cielo, en la tierra, y en el infierno, por todas las criaturas de Dios, y por el Sagrado Corazón de Nuestro Señor y Salvador, Jesucristo, en el Santísimo Sacramento del Altar. Amén.” (3)
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En aquella ocasión, uno de los más grandes promotores de esta Devoción a la Santa Faz fue el “Santo Hombre de Tours”, Leo DuPont, que colgó un cuadro de la Santa Faz en su locutorio ante el cual ardía el santo oleo. Tantos fueron los milagros realizados en el locutorio de Leo DuPont que el Bienaventurado Papa Pío IX le llamó “el taumaturgo del siglo XIX”.
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Ahora, Nuestra Señora de Fátima continua esta sólida “tradición”; esta inalterada y urgente llamada a la reparación. Y las revelaciones de Nuestro Señor a Sor María de Saint-Pierre piden no sólo reparación [por los pecados] contra el 2º y 3er. Mandamientos, como lo hizo Nuestra Señora de La Salette, sino también reparación por los pecados contra el Primer Mandamiento. Sabemos que el Primer Mandamiento es:
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“Yo soy el Señor vuestro Dios, no tendréis dioses extraños ante Mí..” Y nuestra teología tradicional católica nos dice que los pecados contra la Fe, especialmente el pecado de herejía, son pecados contra el Primer Mandamiento.
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De esto se sigue que somos llamados no a reírnos ni a tornarnos íntimos de los falsos credos de los no católicos; sino que somos llamados a caer de rodillas y hacer reparación por estos pecados contra la Fe, estos pecados contra el Primer Mandamiento. Estos pecados de herejía que producen las cinco blasfemias contra el Inmaculado Corazón de María fueron enunciados por Nuestro Señor en Tuy el 29 de mayo de 1930.
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Fátima vs. “El espíritu de Asís”
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Finalizando, yo creo que el Cielo quiere que el Mensaje de Nuestra Señora de Fátima sea una cuestión central en nuestra visión del mundo. Todo lo que suceda en la Iglesia o en el mundo será juzgado como bueno o malo, adecuado o inadecuado, teniendo por base si está, o no, en conformidad con las palabras de Nuestra Señora en Fátima.
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En Fátima, Ella confirmó las doctrinas fundamentales de la Fe y focalizó aquellos puntos de la doctrina que nos separan de los no católicos, para demostrar que la Verdad es lo más importante. También nos instruyó, especialmente a través de los Cinco Primeros Sábados y en consonancia con las revelaciones hechas en Lourdes, La Salette y a Sor María de Saint-Pierre, acerca de la necesidad de hincarnos de rodillas y hacer reparación por los pecados de los hombres, en particular por los pecados contra la Fe que hacen parte de los credos no católicos, especialmente en relación a Su Inmaculado Corazón.
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Ella no enseñó ninguna doctrina nueva, ni tampoco una comprensión modernizada de la doctrina que pudiese significar una reinterpretación de la doctrina católica de una forma distinta de la que ha sido enseñada durante 2.000 años.
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Ella nos dijo que la paz mundial sólo vendrá por medio de la obediencia a Su pedido acerca de la consagración de Rusia al Inmaculado Corazón de María, y no por medio de católicos que se reúnen con falsas religiones en oraciones interreligiosas por la paz — religiones que Ella afirma, blasfeman contra Ella por su incredulidad. De hecho, y es triste decirlo, en la gran reunión-plegaria en Asís en 1986, cuando los católicos rezaron en público con falsas religiones por la causa de la paz, no se rezó el Santo Rosario. Y esto a pesar de que el Rosario es la oración específica transmitida por Nuestra Señora como condición para la paz. De la misma manera, en aquel día, no fue ni honrado ni invocado el Inmaculado Corazón de María.
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Ésta es una desviación radical del plan ofrecido por Nuestra Señora. De hecho, yo creo que estas asambleas interreligiosas no sólo fallarán en producir cualquier fruto saludable, sino que en realidad podrán acarrear un gran castigo. Y digo esto no con mi propia autoridad sino con la de uno de los más eminentes cardenales del siglo XX, el gran Cardenal Mercier de Bélgica.
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En 1918, justamente un año después de las apariciones de Nuestra Señora de Fátima, el gran Cardenal Mercier afirmó que la Primera Guerra Mundial fue un castigo por el crimen de los hombres al colocar la única religión verdadera en el mismo nivel de los falsos credos (que es precisamente lo que hacen estas nuevas reuniones pan-religiosas, en total contradicción con los 2.000 años de la doctrina católica). En una carta pastoral titulada “La Lección de los Acontecimientos”, el Cardenal Mercier dijo:
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“En nombre del Evangelio y a la luz de las Encíclicas de los cuatro últimos Papas, Gregorio XVI, Pío IX, León XIII y Pío X, yo no vacilo en afirmar que esta indiferencia hacia las religiones, que coloca en el mismo nivel la religión de origen divino y las religiones inventadas por los hombres, a fin de incluirlas en el mismo escepticismo, es la blasfemia que atrae el castigo sobre la sociedad mucho más que los pecados de los individuos y de las familias.” (4)
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Por consiguiente, vemos que las afirmaciones del Cardenal Mercier están en perfecta continuidad con las enseñanzas consistentes de los Papas a través de los siglos, y en perfecta armonía con una visión del mundo con base en Fátima.
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Así, terminaré con lo que he dicho antes. De la misma forma que el gran Milagro de 13 de octubre de 1917 — especialmente con el Sol danzando en el cielo y enseguida lanzándose hacia la tierra — fue tan espectacular que se hizo imposible desviar la mirada; así también el propio Mensaje de Fátima es de tal magnitud, de tal importancia, de tal centralidad que no debemos desviar nunca nuestra mirada de Fátima, ni desviar nunca nuestros ojos de los de Nuestra Señora, ni permitir nunca que, de alguna forma, nos separemos de Ella.
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John Vennari
“Visteis el infierno donde van las almas de los pobres pecadores. Para salvarlas Dios quiere establecer en el mundo la Devoción a Mi Inmaculado Corazón. Si hacen lo que yo os diga se salvarán muchas almas y tendrán paz.”. Nuestra Señora a los tres pastorcitos en Fatima.
NOTAS:
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(1) Vaticano I, Sesión III, Capítulo. IV, Fe y Razón. —
(2) Scalan, The Holy Man of Tours [El Santo Hombre de Tours], (Tan Books), pág. 122.
(3) P. Janvier, Life of Sister Saint-Pierre [Vida de la Hermana Saint-Pierre], con la aprobación del Revdmº Charles Colet, Arzobispo de Tours, (John Murphy & Co, Baltimore, 1884), pág.114. (4) Citación extraida de The Kingship of Christ and Organized Naturalism [La majestad de Cristo y el Naturalismo Organizado], por el Padre Denis Fahey (Regina Publications, Junio de 1943), pág. 36. Nota según citación extraida de la Carta Pastoral de 1918, del Cardenal Mercier, The Lesson of Events [La Lección de los Acontecimientos].

San Pío X

"porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas" (Enciclica Notre Charge Apostolique)