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domingo, 26 de julio de 2009

Santa Catalina de Siena. sobre los Sacerdotes

Santa Catalina de Siena
Sobre los Sacerdotes..


Carta al cura Biringhieri Arzochi (A un sacerdote poco ejemplar)

"Sed aquella flor perfumada que debéis ser; esparcid el buen olor (2 Cor 2,15) en la dulce presencia de Dios. Sabéis que la flor, conservada durante mucho tiempo en el agua, no exhala perfume, sino hedor. A mi me parece, padre, que vos y los demás sacerdotes debéis ser así una flor. Pero también esa flor, inmersa en las aguas inicuas y putrefactas de los pecados y miserias del mundo, no exhala perfume, sino hedor. ¡Oh!, cómo es miserable e infeliz quien es puesto en la santa Iglesia como flor, responsable por los sus súbditos! Vosotros sabéis que Dios os quiere límpidos e puros. Infeliz de mi, infeliz de mi, venerable padre! Es lo contrario que acontece. Se comportan de tal manera, que no apenas son fétidos, sino que también arruinan a todos aquellos que se les aproximan.
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Acordaos y no continuéis durmiendo! Ya dormimos bastante, muertos para la gracia. No nos queda más tiempo, sonó la hora de la sentencia, estamos condenados a la muerte."
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El Diálogo - Palabras del Padre Eterno dictadas por la santa en momento mismo de los éxtasis.

"Vuelvo a hablar nuevamente de los clérigos y ministros de la Iglesia. Quiero lamentarme contigo sobre otros defectos, de los cuales aún no hable. Son aquellos vicios, que una vez te mostré en la figura de columnas: la impureza, el orgullo y la ganancia. Con ellos, venden hasta la gracia del Espíritu Santo! Son vicios interdependientes y tiene una base común, el egoísmo. Tais columnas, en cuanto permanecen de pié, sin ser derrumbadas por las virtudes, hacen a la persona obstinada en los demás pecados. Como dije antes, todos los pecados nacen del egoísmo; el más grave es el orgullo, que destruye la caridad. El orgullo conduce aún a la persona a la impureza y a la lucro. Son esos los tres lazos que ligan a los ministros malos al demonio."

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La impureza
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"Hija querida! Ya traté un poco sobre la manera como los clérigos manchan el cuerpo y el Espíritu en la impureza. Para que conozcas mejor mi Misericordia y sientas mayor compasión por esos infelices, quiero acrecentar cuanto sigue.
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Hay ministros tan endemoniados que, además de no respetar la eucaristía y despreciar la dignidad que les di, fuera de si se apasionan por determinada persona, y, no consiguiendo realizar sus deseos, recurren a la magia. Usan entonces el alimento de la eucaristía como instrumento para concretizar sus pensamientos deshonestos y malas intenciones.
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Relativamente a los fieles, que deberían pastorear y alimentar cuanto al cuerpo y cuanto al alma, solo los atormentan de diversos modos. Mas no voy a ocuparme de eso; no quiero que sufras en demasía. Como te mostraré en una visión, los fieles son abandonados a caminar sin rumbo, desorientados, haciendo lo que no quieren. Si intentan resistir, sufren terriblemente en la propia carne. Pues bien, ¿cuál es la causa de todo eso y de otros males que conoces y que no es necesario recordar, sino la vida deshonesta de los clérigos? ¡Oh Hija querida! atraen barro a mi carne que fue elevada sobre los ángeles por la unión en Cristo de la naturaleza humana con la divina!.
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Oh hombre abominable e infeliz! No hombre, sino animal, que entregas a las meretrices tu cuerpo, por mí ungido y consagrado, y que haces cosas aún peores! En el madero de la cruz, mi Hijo, sufriendo, curo la herida de Adán heredada por ti y por todos los hombres. Con su sangre, El medicó pecados impuros y deshonestos!.
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El buen Pastor lavo las ovejas en su sangre y tu manchas las ovejas que son tan puras, haces todo para tirarlas al barro. Deberías ser un espejo de honestidad y eres un espejo de impureza. Haces justamente lo contrario de aquello que realizó mi Hijo, pues orienta para el mal a sus miembros. Permití que los ojos de Cristo fuesen vendados para iluminar los tuyos, y tu, con miradas impuras, atraes flechas envenenadas contra tu propia alma y contra el corazón de las personas a quienes miras. Deje que El bebiese hiel y vinagre y tu, cual animal desorientado, saboreas alimentos delicados, tratando al estómago como a un "Dios". Sobre tu lengua pasan palabras deshonestas y vacías, cuando- por medio de ella- debías alertar al prójimo, anunciar mi palabra y recitar el Oficio Divino con los labios y el corazón; te veo jurar e imprecar como un desequilibrado, hasta blasfemando contra mi; permití que las manos de mi Hijo fuesen clavadas para libertarte, a ti y a todos los hombres, de los lazos del pecado; y tu usas las manos ungidas y consagradas en vista de la distribución de la Eucaristía, para toques indecorosos; todas las acciones, en las cuales usas las manos, están corrompidas y orientadas para el mal! ¡Oh infeliz! Y decir que te puse en tan alta dignidad para servirme a mi y a la humanidad! Fueron los pies de Cristo transpasados por los clavos, de ellos haciendo yo un peldaño para que llegases a contemplar los secretos de su Corazón. Transformé su Corazón en una despensa, donde todos podéis experimentar el amor inefable que os dedico; allí encontrarás la sangre, por ti derramada como purificación de los pecados, mas tu haces de tu corazón un templo para el diablo. Tu afectividad, simbolizada nos pies, sólo me ofrece maldad, una vez que te conducen únicamente a lugares de pecado.
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Así: me ofendes con todo el cuerpo. Haces exactamente lo contrario de lo que hizo Jesús, bien en aquel punto en que tu y los demás hombres deberían imitarlo. La semejanza de instrumentos musicales, tus sentidos emiten sonidos desafinados, una vez que as tres facultades del alma se "reunieron" en torno del demonio, en vez de hacerlo en mi ser. Tu memoria debería estar llena con el recuerdo de mis favores, entre tanto sólo contienen deshonestidades y muchos otros males; cuanto a la inteligencia, era tu deber fijarla mediante la fe en Cristo crucificado, de quien eres ministro, mas vanidosamente le diste por objeto los placeres, buscando altas posiciones sociales, la riqueza mundana; tu voluntad tendría que reposar directamente en mi, pero tu preferiste amar a las criaturas y tu propio cuerpo".
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Visión de Catalina sobre la impureza
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Virtudes sacerdotales

"Hija querida, dije tais cosas para que comprendas mejor la dignidad de mis ministros y llores con más amargura sus pecados. Si los ministros meditasen sobre a propia dignidad, no vivirían en pecado mortal, no mancharían su alma. Si ellos no me ofendiesen, si no pecasen contra la propia dignidad, si no entregasen hasta el cuerpo para ser quemado, inclusive así no me agradecerían suficientemente por el don que recibieron. En este mundo es imposible una dignidad mayor. Son mis ungidos, mis cristos, puestos por mi en la función de ministros, flores perfumade las En la jerarquía de la santa Iglesia. Ni los ángeles poseen dignidad igual a esta concedida a los hombres, en la persona de los sacerdotes.
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Los coloqué como ángeles en la tierra, y como tales deben vivir. De todos os hombres exijo pureza e amor; todos deben amar-me e amar o próximo; todos deben socorrer al hermano en aquello que les fuere posible con oraciones y obras de caridad, así como ya dije en otro lugar, al tratar de ese asunto. Pero de mis ministros pido pureza mayor, mayor amor por mi y por los hombres. Que distribuyan el Cuerpo y Sangre de mi Hijo con gran deseo de la salvación de la humanidad, para gloria de mi nombre. De la misma forma como ellos quieren limpio el cáliz usado en el Sacrificio eucarístico, también yo quiero que sean puros sus corazones, sus almas, sus pensamientos. Igualmente sus cuerpos - instrumentos del alma - han de ser poseídos en perfecta pureza. No quiero que se envuelvan en a lama de la lujuria, ni que se muestren inflados de orgullo en la procura de cargos prelatícios o llenos de rencor por si inclusives y por los otros. La insatisfacción personal acostumbra a manifestarse sobre los otros; cuando impacientes, los ministros terminaran dando malos ejemplos, no se preocuparan en librar os hombres das manos del demonio, no se dedicaran con esfuerzo al ministerio del Cuerpo y Sangre de mi Hijo, en la distribución de la luz de la eucaristía en la forma explicada.
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Hija querida, comprendes cuanto o pecado contra la naturaleza me desagrada en cualquier persona; mas entenderás también que mucho más me disgusta cuando es practicado por aquellos que escogí para la vida de continencia. Unos abandonaron el mundo y se hicieron religiosos; otros son diocesanos. Entre ellos se hayan los ministros. Jamás entenderás como tal vicio, cometido por ellos, me ofende mucho más que cuando es hecho por los legos en general y por los legos consagrados. Los ministros son lámparas colocadas sobre el candelabro y deben iluminar por el ministerio eucarístico, por la virtud, por el buen ejemplo. Mas de hecho difunden la oscuridad. Viven en la oscuridad. Por causa de su soberbia e impureza, nada entienden de las Escrituras, a no ser en su presentación exterior."



"Quien ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; y quien ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí"

Mt 10, 37

domingo, 4 de enero de 2009

La Mujer no vestirá como el Hombre

La Mujer no vestirá como el Hombre



Giuseppe Cardinal Siri Génova
12 de Junio, 1960

Para el Reverendo Clero,Para todas las Hermanas que Enseñan,Para todos los Hijos Amantes de la Acción Católica,Para los Educadores quienes verdaderamente tratan de seguir la Doctrina Cristiana.
I. Las primeras señales de nuestra tardía primavera indican un cierto aumento este año en el uso de la ropa de hombre empleada por mujeres y jóvenes, aún en el caso de madres de familia. Hasta el año 1959, en Génova, tal vestimenta significaba usualmente que la persona era un turista, pero ahora parece haber un número significativo de jóvenes y mujeres de la misma Génova que están escogiendo, por lo menos para los viajes de placer, llevar ropa de hombres (pantalones).
La diseminación de esta conducta nos obliga a pensar seriamente sobre este tema, y les preguntamos a quienes está dirigida esta Notificación que le presten toda su atención que este problema se merece, como es propia de las personas que están concientes que deben ser responsables a Dios.
Buscamos, ante todo, dar un balanceado juicio moral sobre el que las mujeres lleven ropa de hombre. De hecho, nuestros pensamientos descansan únicamente en el aspecto moral.
Primero, cuando se trata de cubrir el cuerpo de la mujer, el llevar pantalones de hombre no se puede decir que constituye, en sí, una grave ofensa contra la modestia, porque pantalones ciertamente cubren más del cuerpo de una mujer que lo que cubre las faldas modernas.
Sin embargo, en segundo lugar para ser modesto, la ropa no solo necesita cubrir el cuerpo sino que también no debe estar demasiado ajustada al cuerpo. Es cierto que la ropa femenina se lleva ahora más ajustada al cuerpo que son los pantalones, pero éstos se pueden llevar muy ajustados, y es más, generalmente son llevados apretadamente. Por lo tanto, el llevar estas apretadas prendas nos dan la misma preocupación que nos da un cuerpo expuesto. Así que la inmodestia de los pantalones de hombre en la mujer es un aspecto del problema que no se debe de obviar en un juicio general sobre ellas, aún si no debe de ser artificialmente exagerado tampoco.
II. Sin embargo, hay otro aspecto del que mujeres lleven pantalones y que a nosotros nos parece ser el más grave.
El que mujeres lleven undamentaria de hombres afecta primeramente a la mujer misma, al cambiar la sicología femenina propia de la mujer. En segundo lugar, afecta a la mujer como esposa de su marido, al tender a corromper las relaciones entre los sexos. En tercer lugar, la mujer como madre de sus hijos, hiere su dignidad ante los ojos de sus hijos. Cada uno de estos puntos deberá ser considerado cuidadosamente.
A. Vestimenta Masculina Cambia la Sicología de la Mujer.
En verdad, el motivo que impulsa a las mujeres a llevar vestimenta de hombre es siempre el de imitar - no, la de competir con el hombre quien se considera más fuerte, menos atado y más independiente. Esta motivación muestra claramente que la vestimenta masculina es la ayuda visible para llevar a cabo una actitud mental de ser ‘como un hombre’. En segundo lugar, desde que el hombre ha sido el hombre, la ropa que una persona lleva condiciona, determina y modifica los gestos, actitudes y conducta de la persona. Tan es así que con solo llevar puesta la ropa, el vestir llega a imponer un estado de ánimo especial dentro de la persona.
Permítanos agregar que una mujer que siempre lleva puesta ropa de hombre, más o menos indica que ella está reaccionando a su feminidad como si fuese inferior [a lo masculino], cuando de hecho es sólo diverso. La perversión de su sicología es claramente evidente.
Estas razones, sumadas a muchas más, son suficientes para advertirnos de cuán equivocadamente piensan las mujeres al llevar ropa de hombre.
B. La Vestimenta Masculina Tiende a Corromper las Relaciones entre las Mujeres y los Hombres.
En verdad, cuando las relaciones entre los dos sexos desenrollen con el pasar de los tiempos, es predominante un instinto de atracción mutua. La base esencial de esta atracción es una diversidad entre los dos sexos que se hace posible únicamente por el complemento del uno para con el otro. Si entonces esta diversidad se es menos obvio porque uno de sus signos mayores externos es eliminado, y porque la estructura sicológica normal es debilitada, lo que resulta es la alteración de un factor fundamental en la relación.
El problema va más allá. La atracción mutua entre los sexos es precedida tanto naturalmente, y en el orden del tiempo, por ese sentido de vergüenza que frena los impulses que surgen, impone respeto sobre ellos, y tienden a levantar la estima mutua y el temor saludable a un nivel más alto acerca de que esos impulsos se dejan ir hacia delante a actos no controlados. El cambiar esa vestimenta, que por su diversidad revela y sostiene los límites de la naturaleza y las defensas, es nivelar las distinciones y ayudan a desmejorar las defensas vitales del sentido de la vergüenza.
Por lo menos es obstaculizar ese sentido. Y cuando el sentido de la vergüenza es obstruido de ser frenado, entonces las relaciones entre el hombre y la mujer se hunden degradadamente a puro sensualismo - completamente falto de todo respeto o estima mutua.
La experiencia nos enseña que cuando la mujer es de-feminizada, las defensas son socavadas y la debilidad aumenta.
C. La Vestimenta Masculina Hiere la Dignidad de la Madre ante los Ojos de Sus Hijos.
Todo niño tiene un instinto hacia el sentido de dignidad y recato de su madre. El análisis de la primera crisis interna de niños cuando despiertan a la vida que los rodea, aún antes de llegar a la adolescencia, muestra cuánto vale para ellos el sentido de sus madres. Los niños son sumamente sensitivos a esa edad. Adultos típicamente dejan todo eso atrás y no piensan más sobre ello. Pero hacemos bien en recordar las severas demandas que los niños instintivamente le hacen a sus madres, y las profundas y hasta terribles reacciones que surgen en ellos al observar una mala conducta de parte de sus madres. Muchas vías más adelante en la vida son marcadas en este punto – y no por un bien – en estos primeros dramas de la infancia y la juventud.
El niño pudiera no conocer la definición de estar expuesto, de la frivolidad o la infidelidad, pero él posee un sentido instintivo para reconocer cuándo suceden estas cosas, sufre a causa de ellas, y es terriblemente herido en su alma por ellas.
III. Pensemos seriamente sobre el importe de todo lo dicho hasta aquí, aunque la apariencia de la mujer con vestimenta masculina no surge inmediatamente a la misma molestia causada por una grave inmodestia.
El cambio de la sicología femenina no fundamental es – a lo largo – un irreparable daño a la familia, a la fidelidad conyugal, a los afectos humanos y a la sociedad humana. Cierto, los efectos de llevar ropa no adecuada no se ven a corto plazo. Pero uno debe de pensar en lo que está siendo lentamente, e insidiosamente, rebajado – pervertido.
Si la sicología femenina es cambiada, ¿hay alguna reciprocidad imaginable cambiada entre marido y mujer? O ¿hay alguna verdadera educación imaginable en los niños, que es tan delicada en su procedimiento, tan entrelazada de factores imponderables que la intuición de la madre y lo instintivo juegan una parte decisiva en esos primeros años tiernos? ¿Qué podrán estas mujeres darles a sus hijos cuando ellas habrán usado pantalones durante tanto tiempo y su auto estima estará determinada más por su competir con los hombres que por su función como mujer?
Nos preguntamos por qué es que desde que el hombre ha sido hombre – o más bien, desde que se civilizó – ¿por qué el hombre durante todos las épocas y lugares ha llevado irresistiblemente el diferenciarse y el dividir las funciones de los dos sexos? ¿No tenemos aquí un testimonio estricto para el reconocimiento por toda la humanidad de una verdad y una ley por arriba del hombre?
En resumen, donde sea que las mujeres llevan vestimenta del hombre, debe de considerarse un factor, a largo plazo, de una desintegración del orden humano.
IV. La consecuencia lógica de todo presentado hasta aquí es que cualquier persona en una posición de responsabilidad debe ser poseído por un sentido de alarma en el verdadero y correcto significado de la palabra, una alarma severa y decisiva.
Nosotros nos dirigimos de manera de una grave advertencia a los sacerdotes parroquiales, a los sacerdotes en general y a los confesores en particular, a los miembros de toda clase de asociaciones, a los religiosos, a las monjas, y especialmente a las monjas que enseñan.
Les pedimos que estén claramente conscientes del problema para que sigan una acción. Este conciencia es lo que importa. Sugerirá la acción apropiada a su tiempo. Pero no dejemos que nos aconseje a ceder ante el cambio inevitable, como si fuésemos confrontados por una evolución natural de la humanidad.
El hombre viene y el hombre puede irse, pero Dios ha dejado mucho lugar para el ir y venir de la libre voluntad; sin embargo las líneas sustanciales de la naturaleza y las no menos líneas sustanciales de la Ley Eterna nunca han cambiado, no están cambiando, y nunca cambiarán. Hay límites más allá de las que uno puede ir como la persona desee, pero el hacerlo termina en la muerte. La fantasía filosóficamente vacía puede permitirle a uno a ridiculizar o trivializar estos límites, pero ellos constituyen una alianza de verdaderos hechos y de la naturaleza que castigan a cualquiera quien pasa por encima de ellos. La historia ciertamente ha enseñado – con impresionantes pruebas de la vida y muerte de naciones – que la respuesta a todos estos violadores de este esquema de la ‘humanidad’ es siempre, tarde o temprano, una catástrofe.
Desde la dialéctica de Hegel, se nos enseña lo que llega a ser nada más que cuentos, y a fuerza de escucharlos tan a menudo, muchas personas terminan conformándose a ellos, aunque sea pasivamente. Pero la realidad del asunto es que la Naturaleza y la Verdad, y la Ley atadas en ambas, van por su camino imperturbable, y deshacen a los simplones quienes, sin excusa alguna, creerían en cambios radicales y de largo alcance en la misma estructura del hombre.
Las consecuencias de tales violaciones no son una nueva esquema del hombre, sino más bien desórdenes, una instabilidad dañina de toda clase, la asombrosa sequedad de las almas humanas, un aumento devastador en el número de seres humanos abandonados de entre ustedes, dejados que vivan su declinación en aburrimiento, tristeza y rechazo. En este naufragio de eternas reglas se encuentran familias destruidas, hogares fríos, vidas acortadas antes de su tiempo, los ancianos desechados, nuestra juventud degenerada voluntariamente y – al final de la línea – almas en desesperación y hasta tomando sus propias vidas. ¡Todas estas ruinas humanas son testigos de hecho que la ‘línea de Dios’ no cede, ni permite la adaptación de cualquier sueño delirante de los tal llamados filósofos!
V. Hemos dicho que a los que es dirigida esta Notificación, se les pide que tomen el problema que está por delante como una alarma seria. Ellos saben lo que deben de decir, comenzando con las niñas en los regazos de sus madres.
Ellos saben que sin exagerar la cosa o volverse fanáticos, ellos necesitarán limitar estrictamente cuán lejos pueden tolerar el que la mujer vista como hombre, como regla general.
Ellos saben que no deben de ser tan débiles de llegar al punto de permitir a cualquiera que voltean el ojo para no ver una costumbre que va cuesta abajo y que está demoliendo la posición moral de todas las instituciones.
Los sacerdotes saben que ellos deben de tomar una línea fuerte y decisiva en el confesionario, sin afirmarse a que el hecho que la mujer viste como hombre automáticamente sea una falta grave.
Todos deben de pensar en la necesidad de tener una línea unida de acción, reforzada en todos los lados por la cooperación de todos los hombres de Buena Voluntad y de todas las mentes iluminadas, para crear un verdadero dique que sostendrá la inundación.
Aquellos de ustedes quienes son responsables de almas en cualquier capacidad deben comprender cuán útil es tener a hombres de letras y en los medios de comunicación como aliados en esta campaña. La posición tomada por las casas diseñadoras de ropa y de la industria del vestir, es de una importancia crucial en todo el asunto. El sentido artístico, el refinamiento y el buen gusto pueden unirse para encontrar soluciones adecuadas, y a la vez dignas, en cuanto a la ropa que una mujer debe llevar cuando maneja una motocicleta o hace ejercicio, o lo que lleva para ir a trabajar. Lo que es importante es conservar la modestia a la vez de mantener el sentido eterno de feminidad, el cual, más que cualquier otra cosa, todos los niños siempre continuarán asociando con lo que sus madres significan para ellos.
No negamos que la vida moderna posa problemas y hace requerimientos desconocidos para nuestros abuelos. Pero afirmamos que hay valores con más necesidad de ser protegidos que experiencias pasajeras, y que para todas las personas inteligentes siempre habrá suficiente buen sentido y buen gusto para encontrar aceptables y dignas soluciones a los problemas que surgen.
Conmovidos por la caridad, estamos luchando contra una degradación del hombre, contra el ataque sobre aquellas diferencias sobre las cuales descansa el complemento entre el hombre y la mujer.
Cuando vemos a una mujer llevar pantalones, deberíamos pensar no tanto en solo ella, sino en toda la humanidad, de cómo será cuando todas las mujeres se masculinicen. Nadie ganará al tratar de llevara a cabo una futura época de imprecisión, de ambigüedad, de imperfección, y, por así decirlo, de monstrocidades.
Esta carta nuestra no está dirigida al público, sino a los responsables de almas, para la educación, para asociaciones Católicas. Que hagan su deber, y que les permita no ser soldados dormidos en sus puestos cuando entre el mal.

+Giuseppe Cardinal Siri
Arzobispo de Génova








lunes, 18 de agosto de 2008

¿COMULGAR SIN CONFESARSE?


"Recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo en la comunión sin estar perdonados por la confesión sacramental es un pecado gravísimo que se llama sacrilegio"





San Pablo, divinamente inspirado, que quien comulga en pecado mortal "come y bebe su propia condenación"………

De ahí la necesidad que nuestra alma esté limpia de todo pecado mortal para que
pueda Cristo ser recibido por nosotros. De ahí la necesidad -también- de la
confesión sacramental para todo aquel que se sepa en pecado grave. Recibir el
Cuerpo y la Sangre de Cristo en la comunión sin estar perdonados por la
confesión sacramental es un pecado gravísimo que se llama sacrilegio. Todo aquél
que está en pecado grave, todo aquél que no esté en gracia santificante - misma que se obtiene por la absolución personal en el sacramento de la confesión-,
todo aquél que viva en ese estado y no se confiese o se confiese mal (sin verdadero arrepentimiento e intención de evitar el pecado; es decir sin contrición y propósito de enmienda) y comulga sacramentalmente está "comiendo y bebiendo su propia condenación", según la Palabra de Dios.

Quienes no creen o no obedecen la moral que la Iglesia enseña, quienes no desean
seguir las normas morales que Dios exige y el magisterio custodia, no deben -por ninguna excusa- acercarse a recibir la Sagrada Eucaristía.

Luego, es fundamental estar en gracia santificante para comulgar. ¡Qué importante es que vivamos en gracia y que importante es que comulguemos con frecuencia! Pero que importante es, también, hacerlo con las debidas condiciones y con el amor necesario a Dios, estando conscientes que, precisamente, estamos recibiendo a Dios mismo presente en la hostia consagrada. Recibamos a nuestro Creador y Redentor, recibámoslo como lo que es: Nuestro Dios y Salvador, nuestro Rey y Señor.

Qué tristeza es ver que muchos viven conforme al mundo y de manera contraria a
la Ley de Dios, y sin cambiar de actitudes ni confesarse van a recibir a Dios vivo presente en la hostia sin el menor discernimiento de lo que hacen, sólo por el que dirán los demás y sin pensar en lo que Dios sí dice de esto. Es el lamentable "modernismo" que los ha impregnado, es la inconsciencia de lo que es recibir a Dios, es el permanecer en sus errores y en su vida de pecado, creyendo en un falso dios bonachón hecho a su gusto, medida y conveniencia.------------------------------------------------------
Y que tristeza es ver que muchos sacerdotes "modernistas" no enseñan ya esta
doctrina católica y con su silencio son cómplices del sacrilegio. Hay en ello
mucha culpabilidad y Dios les pedirá cuentas. Algunos fieles tendrán el
atenuante de su ignorancia (cuando ésta no sea culpable), mismo que no se
presenta en los sacerdotes que, como tales, están bien instruídos y callan por
contemporizar con el mundo o por una fe débil o por poco celo pastoral y exiguo
amor a las ovejas que les han sido encomendadas.

Urge, hoy, que los pastores vuelvan a hablar y enseñar esta doctrina tan olvidada por muchos o desconocida -incluso- de las nuevas generaciones. Si es tan común que nadie la cumpla, ¿les costaría mucho esfuerzo que nos la recordaran -aunque sea brevemente- durante cada celebración litúrgica?

Resulta contrastante ver tantos comulgantes y vacíos los confesionarios. ¿En verdad todos ellos estarán en gracia y no requerirán confesarse? Sin intentar penetrar en la conciencia de alguien en particular, las matemáticas parece que no cuadran y nos indican la tremenda realidad y el significado de este hecho. ¿O será realmente que alguien pueda vivir años y años sin el menor pecado mortal? Ciertamente puede ser el caso de algunas almas buenas. ¿Cuántas serán? Sólo Dios lo sabe. Si así fuera la situación de algunos, deben recordar, también, que existe el mandamiento de la confesión anual.

¿Pero, realmente, la mayoría que lleva meses y meses o años y años sin confesarse, tiene limpia la conciencia de cualquier pecado grave como para saberse en gracia santificante y poder recibir a Cristo vivo y realmente presente en la Eucaristía?

¿Y no contribuirán a este mal -de la comunión sin confesión- aquellos sacerdotes que ya no están disponibles habitualmente en el confesionario?

Por parte de muchos sacerdotes: Omisión de enseñar esta doctrina y poco o nulo tiempo en el confesionario. Por parte de muchísimos fieles: Poca instrucción que genera -en muchos casos- una ignorancia culpable.

En otros, un descuido irredento por los asuntos de Dios y un vivir de acuerdo a las máximas del mundo, adecuando la moral y las enseñanzas de Dios y de la
Iglesia a sus propios caprichos y criterios personales. Todo ello, lleva a la sacrílega comunión en pecado grave y sin confesión sacramental que los hace comer y beber su propia condenación. En ambos casos, una multitud que comulga y los confesionarios....¡vacíos!.


San Pío X

"porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas" (Enciclica Notre Charge Apostolique)