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jueves, 12 de marzo de 2009

Carta del Santo Padre a los Obispos del Mundo

CARTA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A LOS OBISPOS DE LA IGLESIA CATÓLICA
SOBRE LA REMISIÓN DE LA EXCOMUNIÓN DE LOS CUATRO OBISPOS CONSAGRADOS POR EL ARZOBISPO LEFEBVRE



Queridos Hermanos en el ministerio episcopal

La remisión de la excomunión a los cuatro Obispos consagrados en el año 1988 por el Arzobispo Lefebvre sin mandato de la Santa Sede, ha suscitado por múltiples razones dentro y fuera de la Iglesia católica una discusión de una vehemencia como no se había visto desde hace mucho tiempo. Muchos Obispos se han sentido perplejos ante un acontecimiento sucedido inesperadamente y difícil de encuadrar positivamente en las cuestiones y tareas de la Iglesia de hoy. A pesar de que muchos Obispos y fieles estaban dispuestos en principio a considerar favorablemente la disposición del Papa a la reconciliación, a ello se contraponía sin embargo la cuestión sobre la conveniencia de dicho gesto ante las verdaderas urgencias de una vida de fe en nuestro tiempo. Algunos grupos, en cambio, acusaban abiertamente al Papa de querer volver atrás, hasta antes del Concilio. Se desencadenó así una avalancha de protestas, cuya amargura mostraba heridas que se remontaban más allá de este momento. Por eso, me siento impulsado a dirigiros a vosotros, queridos Hermanos, una palabra clarificadora, que debe ayudar a comprender las intenciones que me han guiado en esta iniciativa, a mí y a los organismos competentes de la Santa Sede. Espero contribuir de este modo a la paz en la Iglesia.
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Una contrariedad para mí imprevisible fue el hecho de que el caso Williamson se sobrepusiera a la remisión de la excomunión. El gesto discreto de misericordia hacia los cuatro Obispos, ordenados válidamente pero no legítimamente, apareció de manera inesperada como algo totalmente diverso: como la negación de la reconciliación entre cristianos y judíos y, por tanto, como la revocación de lo que en esta materia el Concilio había aclarado para el camino de la Iglesia. Una invitación a la reconciliación con un grupo eclesial implicado en un proceso de separación, se transformó así en su contrario: un aparente volver atrás respecto a todos los pasos de reconciliación entre los cristianos y judíos que se han dado a partir del Concilio, pasos compartidos y promovidos desde el inicio como un objetivo de mi trabajo personal teológico. Que esta superposición de dos procesos contrapuestos haya sucedido y, durante un tiempo haya enturbiado la paz entre cristianos y judíos, así como también la paz dentro de la Iglesia, es algo que sólo puedo lamentar profundamente. Me han dicho que seguir con atención las noticias accesibles por Internet habría dado la posibilidad de conocer tempestivamente el problema. De ello saco la lección de que, en el futuro, en la Santa Sede deberemos prestar más atención a esta fuente de noticias. Me ha entristecido el hecho de que también los católicos, que en el fondo hubieran podido saber mejor cómo están las cosas, hayan pensado deberme herir con una hostilidad dispuesta al ataque. Justamente por esto doy gracias a los amigos judíos que han ayudado a deshacer rápidamente el malentendido y a restablecer la atmósfera de amistad y confianza que, como en el tiempo del Papa Juan Pablo II, también ha habido durante todo el período de mi Pontificado y, gracias a Dios, sigue habiendo.
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Otro desacierto, del cual me lamento sinceramente, consiste en el hecho de que el alcance y los límites de la iniciativa del 21 de enero de 2009 no se hayan ilustrado de modo suficientemente claro en el momento de su publicación. La excomunión afecta a las personas, no a las instituciones. Una ordenación episcopal sin el mandato pontificio significa el peligro de un cisma, porque cuestiona la unidad del colegio episcopal con el Papa. Por esto, la Iglesia debe reaccionar con la sanción más dura, la excomunión, con el fin de llamar a las personas sancionadas de este modo al arrepentimiento y a la vuelta a la unidad. Por desgracia, veinte años después de la ordenación, este objetivo no se ha alcanzado todavía. La remisión de la excomunión tiende al mismo fin al que sirve la sanción: invitar una vez más a los cuatro Obispos al retorno. Este gesto era posible después de que los interesados reconocieran en línea de principio al Papa y su potestad de Pastor, a pesar de las reservas sobre la obediencia a su autoridad doctrinal y a la del Concilio. Con esto vuelvo a la distinción entre persona e institución. La remisión de la excomunión ha sido un procedimiento en el ámbito de la disciplina eclesiástica: las personas venían liberadas del peso de conciencia provocado por la sanción eclesiástica más grave. Hay que distinguir este ámbito disciplinar del ámbito doctrinal. El hecho de que la Fraternidad San Pío X no posea una posición canónica en la Iglesia, no se basa al fin y al cabo en razones disciplinares sino doctrinales. Hasta que la Fraternidad non tenga una posición canónica en la Iglesia, tampoco sus ministros ejercen ministerios legítimos en la Iglesia. Por tanto, es preciso distinguir entre el plano disciplinar, que concierne a las personas en cuanto tales, y el plano doctrinal, en el que entran en juego el ministerio y la institución. Para precisarlo una vez más: hasta que las cuestiones relativas a la doctrina no se aclaren, la Fraternidad no tiene ningún estado canónico en la Iglesia, y sus ministros, no obstante hayan sido liberados de la sanción eclesiástica, no ejercen legítimamente ministerio alguno en la Iglesia.
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A la luz de esta situación, tengo la intención de asociar próximamente la Pontificia Comisión "Ecclesia Dei", institución competente desde 1988 para esas comunidades y personas que, proviniendo de la Fraternidad San Pío X o de agrupaciones similares, quieren regresar a la plena comunión con el Papa, con la Congregación para la Doctrina de la Fe. Con esto se aclara que los problemas que deben ser tratados ahora son de naturaleza esencialmente doctrinal, y se refieren sobre todo a la aceptación del Concilio Vaticano II y del magisterio postconciliar de los Papas. Los organismos colegiales con los cuales la Congregación estudia las cuestiones que se presentan (especialmente la habitual reunión de los Cardenales el miércoles y la Plenaria anual o bienal) garantizan la implicación de los Prefectos de varias Congregaciones romanas y de los representantes del Episcopado mundial en las decisiones que se hayan de tomar. No se puede congelar la autoridad magisterial de la Iglesia al año 1962, lo cual debe quedar bien claro a la Fraternidad. Pero a algunos de los que se muestran como grandes defensores del Concilio se les debe recordar también que el Vaticano II lleva consigo toda la historia doctrinal de la Iglesia. Quien quiere ser obediente al Concilio, debe aceptar la fe profesada en el curso de los siglos y no puede cortar las raíces de las que el árbol vive.
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Espero, queridos Hermanos, que con esto quede claro el significado positivo, como también sus límites, de la iniciativa del 21 de enero de 2009. Sin embargo, queda ahora la cuestión: ¿Era necesaria tal iniciativa? ¿Constituía realmente una prioridad? ¿No hay cosas mucho más importantes? Ciertamente hay cosas más importantes y urgentes. Creo haber señalado las prioridades de mi Pontificado en los discursos que pronuncié en sus comienzos. Lo que dije entonces sigue siendo de manera inalterable mi línea directiva. La primera prioridad para el Sucesor de Pedro fue fijada por el Señor en el Cenáculo de manera inequívoca: "Tú… confirma a tus hermanos" (Lc 22,32). El mismo Pedro formuló de modo nuevo esta prioridad en su primera Carta: "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que os la pidiere" (1 Pe 3,15). En nuestro tiempo, en el que en amplias zonas de la tierra la fe está en peligro de apagarse como una llama que no encuentra ya su alimento, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo (cf. Jn 13,1), en Jesucristo crucificado y resucitado. El auténtico problema en este momento actual de la historia es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y, con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos se ponen cada vez más de manifiesto.
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Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios que habla en la Biblia: Ésta es la prioridad suprema y fundamental de la Iglesia y del Sucesor de Pedro en este tiempo. De esto se deriva, como consecuencia lógica, que debemos tener muy presente la unidad de los creyentes. En efecto, su discordia, su contraposición interna, pone en duda la credibilidad de su hablar de Dios. Por eso, el esfuerzo con miras al testimonio común de fe de los cristianos –al ecumenismo– está incluido en la prioridad suprema. A esto se añade la necesidad de que todos los que creen en Dios busquen juntos la paz, intenten acercarse unos a otros, para caminar juntos, incluso en la diversidad de su imagen de Dios, hacia la fuente de la Luz. En esto consiste el diálogo interreligioso. Quien anuncia a Dios como Amor "hasta el extremo" debe dar testimonio del amor. Dedicarse con amor a los que sufren, rechazar el odio y la enemistad, es la dimensión social de la fe cristiana, de la que hablé en la Encíclica Deus caritas est.
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Por tanto, si el compromiso laborioso por la fe, por la esperanza y el amor en el mundo es en estos momentos (y, de modos diversos, siempre) la auténtica prioridad para la Iglesia, entonces también forman parte de ella las reconciliaciones pequeñas y medianas. Que el humilde gesto de una mano tendida haya dado lugar a un revuelo tan grande, convirtiéndose precisamente así en lo contrario de una reconciliación, es un hecho del que debemos tomar nota. Pero ahora me pregunto: ¿Era y es realmente una equivocación, también en este caso, salir al encuentro del hermano que "tiene quejas contra ti" (cf. Mt 5,23s) y buscar la reconciliación? ¿Acaso la sociedad civil no debe intentar también prevenir las radicalizaciones y reintegrar a sus eventuales partidarios –en la medida de lo posible- en las grandes fuerzas que plasman la vida social, para evitar su segregación con todas sus consecuencias? ¿Puede ser totalmente desacertado el comprometerse en la disolución de las rigideces y restricciones, para dar espacio a lo que haya de positivo y recuperable para el conjunto? Yo mismo he visto en los años posteriores a 1988 cómo, mediante el regreso de comunidades separadas anteriormente de Roma, ha cambiado su clima interior; cómo el regreso a la gran y amplia Iglesia común ha hecho superar posiciones unilaterales y ablandado rigideces, de modo que luego han surgido fuerzas positivas para el conjunto. ¿Puede dejarnos totalmente indiferentes una comunidad en la cual hay 491 sacerdotes, 215 seminaristas, 6 seminarios, 88 escuelas, 2 institutos universitarios, 117 hermanos, 164 hermanas y millares de fieles? ¿Debemos realmente dejarlos tranquilamente ir a la deriva lejos de la Iglesia? Pienso por ejemplo en los 491 sacerdotes. No podemos conocer la trama de sus motivaciones. Sin embargo, creo que no se hubieran decidido por el sacerdocio si, junto a varios elementos distorsionados y enfermos, no existiera el amor por Cristo y la voluntad de anunciarlo y, con Él, al Dios vivo. ¿Podemos simplemente excluirlos, como representantes de un grupo marginal radical, de la búsqueda de la reconciliación y de la unidad? ¿Qué será de ellos luego?
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Ciertamente, desde hace mucho tiempo y después una y otra vez, en esta ocasión concreta hemos escuchado de representantes de esa comunidad muchas cosas fuera de tono: soberbia y presunción, obcecaciones sobre unilateralismos, etc. Por amor a la verdad, debo añadir que he recibido también una serie de impresionantes testimonios de gratitud, en los cuales se percibía una apertura de los corazones. ¿Acaso no debe la gran Iglesia permitirse ser también generosa, siendo consciente de la envergadura que posee; en la certeza de la promesa que le ha sido confiada? ¿No debemos como buenos educadores ser capaces también de dejar de fijarnos en diversas cosas no buenas y apresurarnos a salir fuera de las estrecheces? ¿Y acaso no debemos admitir que también en el ámbito eclesial se ha dado alguna salida de tono? A veces se tiene la impresión de que nuestra sociedad tenga necesidad de un grupo al menos con el cual no tener tolerancia alguna; contra el cual pueda tranquilamente arremeter con odio. Y si alguno intenta acercársele –en este caso el Papa– también él pierde el derecho a la tolerancia y puede también ser tratado con odio, sin temor ni reservas.
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Queridos Hermanos, por circunstancias fortuitas, en los días en que me vino a la mente escribir esta carta, tuve que interpretar y comentar en el Seminario Romano el texto de Ga 5,13-15. Percibí con sorpresa la inmediatez con que estas frases nos hablan del momento actual: «No una libertad para que se aproveche el egoísmo; al contrario, sed esclavos unos de otros por amor. Porque toda la ley se concentra en esta frase: "Amarás al prójimo como a ti mismo". Pero, atención: que si os mordéis y devoráis unos a otros, terminaréis por destruiros mutuamente». Siempre fui propenso a considerar esta frase como una de las exageraciones retóricas que a menudo se encuentran en San Pablo. Bajo ciertos aspectos puede ser también así. Pero desgraciadamente este "morder y devorar" existe también hoy en la Iglesia como expresión de una libertad mal interpretada. ¿Sorprende acaso que tampoco nosotros seamos mejores que los Gálatas? Que ¿quizás estemos amenazados por las mismas tentaciones? ¿Que debamos aprender nuevamente el justo uso de la libertad? ¿Y que una y otra vez debamos aprender la prioridad suprema: el amor? En el día en que hablé de esto en el Seminario Mayor, en Roma se celebraba la fiesta de la Virgen de la Confianza. En efecto, María nos enseña la confianza. Ella nos conduce al Hijo, del cual todos nosotros podemos fiarnos. Él nos guiará, incluso en tiempos turbulentos. De este modo, quisiera dar las gracias de corazón a todos los numerosos Obispos que en este tiempo me han dado pruebas conmovedoras de confianza y de afecto y, sobre todo, me han asegurado sus oraciones. Este agradecimiento sirve también para todos los fieles que en este tiempo me han dado prueba de su fidelidad intacta al Sucesor de San Pedro. El Señor nos proteja a todos nosotros y nos conduzca por la vía de la paz. Es un deseo que me brota espontáneo del corazón al comienzo de esta Cuaresma, que es un tiempo litúrgico particularmente favorable a la purificación interior y que nos invita a todos a mirar con esperanza renovada al horizonte luminoso de la Pascua.

Con una especial Bendición Apostólica me confirmo

Vuestro en el Señor

Benedictus PP. XVI

Vaticano, 10 de marzo de 2009.

sábado, 28 de febrero de 2009

Carta al Papa

Carta de agradecimiento al Papa Benedicto XVI
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El portal La porte latine sitio oficial de la FSSPX en Francia ha públicado la carta de agradecimiento de los cuatro Obispos consagrados por el Arzobispo Lefebvre en 1988 al Papa Benedicto XVI.

Para aquellos sedevacantistas que viven a costa de la FSSPX, así como aquellos que creen que los sacerdotes sedevacantistas dentro de la FSSPX, "enriquecen" por su diversa postura, les recomiendo mejor no lean esta Carta.


FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X

A Su Santidad el Papa Benedicto XVI

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Santo Padre..

Es por medio de la acción de gracias que nosotros deseamos expresar a Vuestra Santidad nuestro profundo reconocimiento por el acto de Su paternal bondad y de Su coraje apostólico por el cual Ella ha hecho inoperante la medida que nos afectó hace ya veinte años en seguida de nuestra consagración episcopal. Su decreto del 21 de Enero de 2009 rehabilita de alguna manera el venerado fundador de nuestra Fraternidad sacerdotal, S. Exc. Monseñor Marcel Lefebvre. Ello proporciona también un gran bien a la Iglesia, nos parece, hace justicia a los sacerdotes y a los fieles del mundo entero que, unidos a la Tradición de la Iglesia, no serán más estigmatizados por haber mantenido la fe de sus padres..

Es en razón de este combate de la fe que aseguramos a vuestra Santidad, como Ella espera, “no ahorrar ningún esfuerzo para profundizar en las conversaciones necesarias con la Autoridad de la Santa Sede las cuestiones abiertas”. Deseamos en efecto, comenzar lo más rápido posible con los representantes de Vuestra Santidad los intercambios concernientes a las doctrinas en oposición al Magisterio de siempre.

Por este camino necesario que evoca Vuestra Santidad, esperamos ayudar a la Santa Sede a poner el remedio apropiado a la perdida de la fe al interior de la Iglesia.

La Virgen María Inmaculada visiblemente a guiado los pasos de Vuestra Santidad a nuestro reencuentro, ella le mantendrá su graciosa intercesión. Es con esta seguridad que nosotros pedimos fielmente al Pastor Universal que bendiga a cuatro de sus hijos más unidos al Sucesor de Pedro y a su encargo de pastorear los corderos y las ovejas del Señor.

Menzingen, 29 de enero de 2009, en la fiesta de San Francisco de Sales


+Bernard Fellay

+Bernard Tissier de Mallerais

+Richard Williamson

+Alfonso de Galarreta

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martes, 24 de febrero de 2009

Monseñor Tissier de Mallerais

No, en absoluto.
No cambiamos nuestra posición..


Entrevista concedida por S.E. Monseñor Bernard Tissier de Mallerais a Alain Elkann, del periódico La Stampa:
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¿fue muy emocionante para Usted, habiendo tomado parte usted en la fundación de la Fraternidad sacerdotal de S. Pio X junto con Monsignor Lefebvre, al recibir la noticia de que Benedicto XVI habia levantado la excomunión? ¿Le fue una gran alegría de ser otra vez aceptado en casa del Padre?
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"No, no en el sentido de volver a la casa del Padre, porque jamás en verdad la habíamos dejado.
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"Entonces, ¿cuáles fueron sus sentimientos?-
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"Ver que se reconocía, aunque indirectamente, que las consagraciones episcopales en 1988 fueron sustancialmente bien fundadas.
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"Entonces, ¿qué es lo que ocurrío?
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"Pues, porque su Excelencia Monsegnor Marcel Lefebvre había presentado la consagración episcopal en 1988 sin el 'mandato apostólico', la consecuencia fue una excomunión ipso facto porque no se puede nombrar un obispo sin el permiso del Papa.
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"Pero, ¿cómo consiguieron seguir tantos años?-
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"Pues, esa excomunión duro 20 años, pero no la considerabamos como válida porque Monseñor Lefebvre nos había nombrado en un caso de necesidad, y un caso de necesidad está considerada válida según la ley canónica.
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"Pero, ¿cómo eran vistos por la Iglesia?
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"Nos veían como cismáticos, y debo decir que sufrimos durante veinte años por estar separados de la Iglesia de Roma. Yo era un sacerdote, y Mons. Lefebvre me hizo obispo precisamente en 1988. "
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Entonces, ¿qué es lo que ha ocurrido? ´
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"Lo que ha ocurrido es que de forma muy sencilla, por medio del Cardenal Re, el Papa ha levantado la excomunión de nosotros sin ninguna ceremonía particular."
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Pero, ahora, son Vds Obispos para el Papa?
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"No, no somos todavía obispos (titulares) porque no tenemos sede episcopal."
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Entonces, ¿las cosas no están todavía solucionadas?
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"No están acabadas, se necesita tiempo."
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Y quién decidirá por su futuro?
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-"El Papa decidirá, con la mediación de la Curia romana."
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Pero, desde un punto practico, ¿cuáles son los pasos a seguir?
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-"Habrán discusiones teológicas doctrinales con referencia a las doctrinas del Consejo del Segundo Vaticano entre los delegados de la Santa Sede y nosotros."
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Pero, ¿piensan volver hacia atrás en cuanto a sus desacuerdos?
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"No, en absoluto. No cambiamos nuestra posición, pero nuestra intención es de convertir a Roma, es decir, de llevar Roma hacia nuestras posiciones."
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Y, ¿qué piensa de las declaraciones del otro obispo que fue excomunicado con Vd, Monsegnor Richard Williamson, que han sido muy contestadas por el mundo judío?
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"No tengo ninguna opinión sobre el tema."
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Pero, ¿qué piensa de lo que dijo?
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"Creo que no tengo nada que ver con el asunto, y no opino nada sobre ello."
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Y, ¿qué va a hacer en el futuro?
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"Me quedo aquí en Ecône."
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En el seminario de Ecône, del cual es Vd su rector, ¿cuántos sacerdotes hay?
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"Hay 60 seminaristas aquí. Tenemos otros 200 en otros seis centros de formación."
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¿Naturalmente, ustedes han seguido con la celebración de la Misa latina?
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"Correcto. La bella Misa Latina, con la Misa Gregoriana."
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Pero, es que hasta el Papa ha vuelto ha celebrar la Misa en latín?
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"De verdad, no tengo conocimiento de ello, y no puedo dar mi opinión."
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¿De qué forma se levantó la excomunión? El decreto de la Santa Sede¿llegó inesperadamente?
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"Para nosotros fue un don de la Santa Virgen."
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¿Un don de la Santa Virgen? ¿En qué sentido?
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"Porque le dimos al Papa un millón setecientos rosarios que le habíamos ofrecido a la Virgen Santa."
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¿Qué hicieron para obtener el levantamiento de la excomunión?
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"Nos habíamos dirigido hacia Su Eminencia, el Cardenal DarioCastrillon Hoyos, presidente de la Comisión Pontífica Ecclesia Dei, con una carta de Monseñor Bernard Fellay, también escrita en nombre de Mons. Alfonso de Galarreta, Mons. Richard Williamson, así en nombre mío, es decir, de los obispos consagrados por Lefebvre el 30 de junio, 1988. Se pidió el levantamiento de la excomunión, que databa del 1 de julio de 1988. En esta carta, Mgr Fellay afirmaba, 'Siempre estaremos firmemente decididos de permanecer católicos y de poner todos nuestros esfuerzos al servicio de la Iglesia de Nuestro Señor Jesucristo, siendo ésta la Iglesia católica romana. Aceptamos sus enseñanzas con disposición filial. Creemos firmemente en la Primacia de Pedro y en sus prerogativas, y es esta situación actual que nos hace tanto sufrir.' Con esas palabras nos dirigimos hacia Su Santidad Benedicto XVI para que nuestra situación canónica pudiera ser reconsiderada."

miércoles, 18 de febrero de 2009

Entrevista de Monseñor Fellay

Si alguien piensa que he diluido nuestra posición, está equivocado.
Nuestra posición sigue siendo la misma..
Entrevista concedida por Monseñor Bernard Fellay a The Remnant.
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Mershon: El Vaticano, en una carta del Cardenal Giovanni Battista Re, Prefecto de la Congregación de Obispos, fechada el 21 de enero del 2009, disolvió el decreto de excomunión de los cuatro obispos de la Sociedad. Los fieles católicos asociados con la Sociedad, junto con muchos católicos en el mundo que se identifican con su causa, atribuyeron esto, en parte, al millón setecientos mil rosarios que se ofrecieron por el levantamiento de las excomuniones. ¿Hasta qué punto atribuyen la decisión del Santo Padre a este ramillete espiritual?
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Mons. Fellay: Todo está en las manos de Dios, y es Dios quien lo sabe mejor. La interacción entre el plan de Dios para el mundo y la acción de los hombres es un gran misterio de la fe. Estoy seguro que sin la Cruzada del Rosario, el decreto del 21 de enero no habría sido publicado. Dios conocía tanto la Cruzada del Rosario como la decisión del Santo Padre. Cada oración tuvo su parte en el plan de Dios.
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En varias declaraciones públicas durante los últimos años, usted predijo que si el Santo Padre fuera a disolver las excomuniones de los obispos de la Fraternidad, habría una gran batalla interna, y quizá algo de desacuerdo de obispos e incluso cardenales dentro de la Iglesia. ¿Qué es lo que percibe sobre la batalla, no sólo contra la FSSPX sino también contra el Santo Padre?
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De hecho, no tengo mucha información de lo que está sucediendo ahora en el Vaticano. Sólo veo que hay una pelea, con algunos apoyando al Papa, y otros usando la situación presente para poner presión sobre el Papa y sus amigos.
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¿Pensó alguna vez que esto resultaría en tanta publicidad negativa y ataques de los medios seculares?
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Definitivamente, no. De hecho, no tenía una idea específica de lo que serían las reacciones de los medios o de las conferencias episcopales. Es obvio, y esto ha venido sucediendo por años, que hay una fuerte oposición contra nosotros entre los progresistas, pero era imposible imaginar que usarían contra nosotros las armas que han estado usando durante semanas.
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Y desafortunadamente, Monseñor Williamson les proveyó con un arma inesperada para lanzar sus ataques contra nosotros. Entonces, el mundo secular y los progresistas unidos fueron capaces de atacarnos y de crear una tremenda presión sobre el Papa acerca de algo que nada tiene que ver con la fe. Pareciera que varios cardenales fueron capaces de discernir, en el tumulto y la tormenta, que el diablo estaba activo. Esperamos que continúen sacando sus conclusiones.
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¿Qué sigue? ¿Tienen una agenda específica para las discusiones teológicas sobre los puntos difíciles del Vaticano II? ¿Puede decirnos quién participará en este diálogo de parte de la FSSPX y de parte de la Curia romana?
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No tenemos aún una agenda. Veremos con Roma en los próximos meses cómo se desarrollan las cosas acerca de este diálogo necesario sobre la doctrina y otros elementos importantes de la vida cristiana. Revelaremos a su debido tiempo los nombres de aquellos que participarán en este diálogo.
Es obvio que parte de estas discusiones debe llevarse a cabo en una atmósfera pacífica, lejos de los medios, en orden a que sea fructífera. Sin duda daremos la información necesaria a nuestros fieles. Pero todo esto primero debe convertirse en una realidad concreta.
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Su carta a sus fieles católicos decía: “Estamos listos para escribir con nuestra propia sangre el Credo, para firmar el juramento anti-modernista, la profesión de fe de Pío V; aceptamos y hacemos propios todos los concilios hasta el Concilio Vaticano II, sobre el que tenemos algunas reservas”. En entrevistas sucesivas del Cardenal Castrillón y de usted mismo, se dijo que quizá el Vaticano II no era una piedra de tropiezo tan grande como muchos sospechaban. El Cardenal Castrillón dijo que ustedes ya lo habían aceptado “teológicamente”. Y en su entrevista a Monde & Vie, usted indicó que se necesitaban clarificaciones suficientes, pero no necesariamente una lista exhaustiva de puntos teológicos que podrían extenderse sin fin. ¿Podría aclararnos los puntos específicos, presumiblemente sobre el Decreto sobre el Ecumenismo y la Declaración sobre la Libertad Religiosa sobre los cuales buscan clarificación? ¿Quizá también Gaudium et Spes?
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Primero de todo, si alguien piensa que he diluido nuestra posición, está equivocado. Nuestra posición permanece exactamente la misma. Y cuando dije que lo que se necesitaba era una clarificación suficiente y no necesariamente una lista exhaustiva de los puntos teológicos, lo que quise decir es que necesitan resolverse todos los puntos esenciales y los principios que han llevado a la Iglesia a la presente crisis; pero por supuesto no todas las conclusiones, ya que esto llevaría demasiado tiempo y podría ser una tarea interminable. Una vez que los principios estén sólidos, las conclusiones se seguirán solas.
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Puntos específicos: nos enfrentamos con una gran montaña. Primero, hay un espíritu, que podemos llamar modernismo. Hay también un lenguaje muy ambiguo que ha sido usado siguiendo el modelo de lenguaje de la filosofía moderna. Esto resulta en el falso espíritu que impregnó el Concilio entero. El hecho de que haya tantas ambigüedades lleva a distintas interpretaciones de los textos, y el mismo Papa Benedicto XVI condenó las interpretaciones extremistas de los ultra-progresistas.
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Luego, tenemos toda la cuestión de las relaciones entre la Iglesia y el mundo. En el Concilio, una visión muy positiva centrada en el hombre desvirtúa todo, especialmente en Gaudium et Spes y Lumen Gentium. Hay una forma demasiado positiva de considerar a las otras religiones, que hasta el momento, aún eran llamadas “religiones falsas”. Ahora este término se ha desechado. ¿Significa que ahora son más verdaderas?
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La libertad religiosa es un elemento fundamental del pensamiento moderno y de la filosofía moderna. Por supuesto, uno puede encontrar puntos positivos en las demás religiones, pero debe buscarse la doctrina verdadera en distinciones profundas y necesarias.
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Por ejemplo, tomemos los derechos humanos. La Iglesia siempre ha defendido y protegido muchos derechos humanos. La Iglesia dice que estos derechos brotan de las obligaciones de los hombres hacia su Creador. No son absolutos, siempre dependen de la verdad y del bien. Jamás encontrarás un derecho que esté basado en el error o en el mal. Entonces, poner el énfasis en la persona humana, como se hace ahora, puede llevar a un profundo error. Y esto no significa que no hay un verdadero y necesario uso de la conciencia humana… sí, tenemos una enorme tarea por delante.
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El Santo Padre (en su carta a los obispos de Chile en 1988), tanto como el mismo Papa Pablo VI, afirmaron que el Concilio Vaticano II era principalmente pastoral, sin la nota de las declaraciones dogmáticas del nivel de Magisterio extraordinario. Con esto en mente, ¿qué tipo de decisiones espera alcanzar con la Santa Sede?
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Presentaremos nuestras cuestiones a la Santa Sede, nuestros problemas. Esperamos que se utilizarán frases lo suficientemente claras como para que sean dadas las respuestas correctas y apropiadas. Definitivamente esperamos del Santo Padre y de la Santa Sede una verdadera clarificación del Concilio. Lo que necesita corregirse, debe ser corregido. Lo que necesita ser rechazado, debe ser rechazado. Lo que necesita ser aceptado, debe ser aceptado.
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Al Instituto Buen Pastor se le permitió conservar sus opiniones teológicas al tiempo que continúa comprometido en la discusión sobre los puntos disputados del Vaticano II, sin problemas, en el corazón de la Iglesia. ¿Prevé una misión similar para la Fraternidad San Pío X? ¿Cómo podría diferir de aquella del Instituto Buen Pastor?
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No hay comparación entre el Instituto Buen Pastor y el trabajo que estamos comenzando. Sí, en el documento de sus constituciones hubo una mención de la discusión sobre los asuntos disputados. Pero hasta ahora, ¿dónde están esas discusiones? No conozco de ninguna. En nuestra relación con la Santa Sede estamos en una situación completamente diferente, porque la Santa Sede reconoce la necesidad de involucrarse en estudios y discusiones doctrinales con nosotros.
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Por supuesto que la Fraternidad reconoce el Concilio Vaticano II como un Concilio de la Iglesia. ¿Cree que se espera que ustedes adhieran a más que eso – en el sentido de que ustedes adhieran a los documentos con la misma autoridad y certeza teológica con que la Iglesia los sostiene?
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Si nos guiamos por la última declaración de la Secretaría de Estado, podemos temer que Roma quiera imponernos una aceptación completa del Vaticano II. Pero una vez más, ¿qué significa eso? ¿Cuál es el Vaticano II real cuando hay tantas interpretaciones diferentes? Incluso en los últimos 40 años, ¿qué fue el Vaticano II? Según su propia definición es un concilio pastoral, no uno dogmático, por lo que no puede de pronto ser interpretado como completamente dogmático. Y en cuanto a la autoridad de los documentos, debido a que no encontramos ningún tipo de pronunciamiento claro sobre su autoridad, hay gran confusión al respecto. Muy claramente, su autoridad no puede ser mayor ahora que la que el Concilio mismo quiso que fuera. Y el Concilio no quiso ser infalible.
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¿Prevé alguna supervisión por parte de los obispos diocesanos territoriales una vez que la Sociedad sea regularizada?
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Eso sería nuestra muerte. La situación de la Iglesia es tal que una vez que sean clarificadas las cuestiones doctrinales, necesitaremos nuestra propia autonomía en orden a sobrevivir. Esto significa que tendremos que estar directamente bajo la autoridad del Papa con una exención. Si miramos en la historia de la Iglesia, vemos que cada vez que los Papas quisieron restaurar a la Iglesia, se apoyaron en una fuerza nueva, como los benedictinos cistercienses, a los que el Papa permitió actuar lo mejor posible durante la crisis, en un status de exención, en orden a superar la crisis.
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¿Esperan una prelatura personal, o quizá una Administración Apostólica para la FSSPX, con relación directa a la Pontificia Comisión Ecclesia Dei?
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Parecería que el proyecto que Roma tiene en reserva para nosotros va en esa dirección. Pero no estoy seguro.
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Usted ha hablado en el pasado sobre algunos obispos, cardenales, y quizá incluso miembros de la Curia, que son cordiales a la FSSPX y a su causa. ¿Puede nombrarlos, o darnos una pista de quiénes son y cuántos?
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La situación de la Iglesia es tal que no podemos dar ningún nombre. Le haría la vida demasiado difícil o insoportable a estos hombres de Iglesia. Ciertamente nos encontramos con más simpatía con algunos obispos. Pero mientras ellos no lo declaren públicamente, no es prudente que digamos nada.
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¿Cuánto tiempo cree que tarden las discusiones teológicas? ¿Qué período de tiempo espera para la completa regularización y subsiguiente misión canónica para la FSSPX?
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No tengo idea sobre el tiempo necesario para el trabajo sobre las cuestiones doctrinales o, después, para el establecimiento de la nueva estructura canónica. Una vez más, deseo insistir que la presente situación muestra muy claramente que es impensable tratar la cuestión canónica antes de haber solucionado los principales problemas teológicos.
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Este diálogo con la Santa Sede comenzó con su reunión con el Papa Juan Pablo II durante el Año del Jubileo en el que usted intercambió un breve saludo y rezó el Pater con el Santo Padre. ¿Cuánto atribuye de este potencial camino hacia el completo reconocimiento a Juan Pablo II y a esa reunión inicial?
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Es muy difícil decir si la primera iniciativa vino del Papa o de la influencia de algunos cardenales. Sabemos que durante años, algunos cardenales y quizá incluso el mismo Papa han sido conscientes de la crisis, e incluso de la profundidad de la crisis – aunque no estuviéramos de acuerdo con ellos en todos los puntos, y especialmente en el tema de las causas de la crisis. Al mismo tiempo, ellos nos consideran como potenciales fuerzas de ayuda para superar la crisis. Pero no le concedería mucho importancia a la reunión con el Papa Juan Pablo II, dado que no hablamos. Yo sólo lo consideré un pequeño paso adelante en un proceso que ya había comenzado.
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¿Hay tendencias hacia el anti-semitismo en las filas de la FSSPX? En su opinión, ¿es antisemita orar y trabajar y dialogar para la conversión de los judíos religiosos a la fe católica? Y, ¿por qué cree que hay tanta sensibilidad en los medios hacia el supuesto “anti-semitismo”, como si estuviera debajo de cada piedra? ¿Cree que hay igual cantidad de anti-catolicismo por parte de políticos, medios de prensa y otros que toman decisiones en la sociedad occidental? Si es así, ¿por qué cree que el anti-catolicismo obtiene un pase libre de parte de los medios seculares, incluso de la mayoría de los medios católicos?
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La palabra “antisemita”, o “anti-semitismo” son ambiguas. Tienen al menos dos significados completamente diferentes. Primero, la palabra “semita” refiere a todos los descendientes de Sem, uno de los tres hijos de Noé. No sólo los judíos, sino también los árabes perteneces a esta rama de la humanidad; todos ellos son semitas.
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En este sentido, la palabra se refiere a razas, a personas, y no tiene ninguna connotación religiosa. El anti-semitismo es condenado por la Iglesia como una especie de racismo. El racismo es una injusticia y va contra el mandamiento del amor al prójimo.
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Hay otro significado dado al anti-semitismo, conectado con la religión, específicamente con la religión judía. En la presente situación, cualquiera que dijese algo sobre la religión judía, o, por ejemplo, dijese que los judíos deberían abrazar la fe, podría ser muy fácilmente etiquetado como antisemita. Pero esto está mal. De hecho, para responder a su pregunta, en el mundo hay mucho más anti-catolicismo que anti-semitismo. El problema es que el anti-catolicismo permanece en el dominio religioso, mientras que el anti-semitismo es casi inmediatamente conectado con el pueblo judío, lo que es, repito, muy ambiguo e impreciso.
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Hay informes de que el Cardenal Re no estaba muy contento con que el Papa le ordenara escribir la carta disolviendo las excomuniones. Supuestamente, a él y a otros en la Curia les desagrada la influencia ejercida por el Cardenal Castrillón sobre este asunto importante. ¿Puede confirmar o negar estos informes? ¿Cómo espera que sigan las relaciones con la Curia romana y con otros obispos, asumiendo que se finalizara pronto la regularización canónica y una misión jurídica?
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No puedo confirmar ni negar estos informes. No estoy en la Curia romana, y me es desconocido lo que sucede dentro de ella. Lo que veo es que el Cardenal Re sí firmó el decreto, por lo que asumo que ha obedecido al Santo Padre.
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¿Tiene algún pensamiento que quisiera compartir con los católicos interesados en esta “gozosa noticia para toda la Iglesia”, como la apodó el vocero vaticano P. Federico Lombardi?
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Si observamos la forma en que estas excomuniones fueron sorpresivamente levantadas; si miramos especialmente el innegable vínculo entre este hecho del decreto que remite las excomuniones y la increíble confusión que se levantó justo después y basada en un incidente que nada tenía que ver con la fe, no podemos sino ver que hay fuerzas sueltas por ahí que no son humanas.
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He oído a distintos cardenales que creen que fue el diablo el que se soltó. Y cuando el diablo se enfurece con tanta violencia y alboroto, eso es un buen signo. Puede que aún no nos demos cuenta todo lo que significa. Pero para nosotros, es una invitación a rezar, a hacer más sacrificios.
Esencialmente, la Iglesia es un ser sobrenatural, y no podemos explicar completamente a la Iglesia o siquiera a los frutos y consecuencias de los actos humanos hechos en la Iglesia si miramos sólo el lado humano.
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La Cabeza de la Iglesia es y sigue siendo Nuestro Señor Jesucristo. El alma de la Iglesia es el mismo Espíritu Santo. Nuestro Señor prometió que Su Iglesia sería indefectible. Entonces hagamos lo mejor que podamos, seamos fieles a nuestro deber de estado, oremos al Inmaculado Corazón de María, y recemos nuestro Rosario.
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Y entonces, todo terminará bien.
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martes, 27 de enero de 2009

Algo para comprender....

Algo que hay que comprender....

Por Arturo Gallardo
Desde que se hizo público el Decreto de la Sagrada Congregación para los Obispos en la cual se levanta la excomunión a los Obispos consagrados por Mons. Lefebvre, mucho se ha dicho que "ahora si viene un acuerdo", pues en la Carta enviada al Cardenal Castrillón Hoyos, Mons. Fellay junto con los tres Obispos ha expresado que “aceptamos y hacemos nuestros todos los concilios hasta el Vaticano II, respecto al cual tenemos reservas”. Este fragmento ha sido tomado por aquellos que comparten la postura "Ecclesia Dei", como un signo de esperanza, pues - creen -es la primera vez que se escribe públicamente al Papa su aceptación, por lo menos histórica.
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Sin embargo en párrafos anteriores de la misma Carta, Monseñor Fellay ha dicho a las autoridades de la Iglesia: “Estamos prestos a escribir con nuestra sangre el Credo, a firmar el juramento antimodernista y la profesión de fe de Pío IV", las cuales desde luego condenan por si solos los textos peligrosos del Vaticano II, e incluso desmantelan el método de Benedicto XVI denominado hermenéutica de la continuidad, que no es mas que encausar los errores con la verdad católica. Roguemos a Dios para que las conversaciones que menciona el Decreto firmado por el Cardenal Re, de no ahorrar esfuerzos por profundizar las necesarias discusiones con la Autoridad de la Santa Sede en los asuntos que permanecen abiertos, traiga abundantes frutos, para el bien de las almas y de esta forma la Tradición recobre sus derechos en Roma.

En base a la postura de la Fraternidad San Pío X, que es la de los Obispos, creo conveniente transcribir la Profesión de Fe que menciona Monseñor Fellay, y comprender bien la postura que siempre hemos mantenido frente a la Crisis de fe que padece nuestra Santa Madre Iglesia.
Los subrayados son nuestros, los cuales hacen evidente lo que niegan los modernistas con su nueva teología.

Bula Iniunctum nobis, de 13 de noviembre de 1564, Pio IV

Yo, N. N., con fe firme, creo y profeso todas y cada una de las cosas que se contienen en el Símbolo de la fe usado por la Santa Iglesia Romana, a saber: Creo en un solo Dios Padre Omnipotente, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible; y en un solo Señor Jesucristo, Hijo de Dios unigénito, y nacido del Padre antes de todos los siglos, Dios de Dios, luz de luz, Dios verdadero de Dios verdadero, engendrado, no hecho, consustancial con el Padre; por quien fueron hechas todas las cosas; que por nosotros los hombres y por nuestra salvación, descendió de los cielos, y se encarnó de la Virgen María por obra del Espíritu Santo, y se hizo hombre; fue crucificado también por nosotros bajo Poncio Pilatos, padeció y fue sepultado; y resucitó el tercer día según las Escrituras, y subió al cielo, está sentado a la diestra del Padre, y otra vez ha de venir con gloria a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin; y en el Espíritu Santo, Señor y vivificante, que del Padre y del Hijo procede; que con el Padre y el Hijo conjuntamente es adorado y conglorificado; que habló por los profetas; y en la Iglesia, una, santa, católica y apostólica. Confieso un solo bautismo para la remisión de los pecados, y espero la resurrección de los muertos y la vida del siglo venidero. Amén.

Admito y abrazo firmísimamente las tradiciones de los Apóstoles y de la Iglesia y las restantes observancias y constituciones de la misma Iglesia. Admito igualmente la Sagrada Escritura conforme al sentido que sostuvo y sostiene la santa madre Iglesia, a quien compete juzgar del verdadero sentido e interpretación de las Sagradas Escrituras, ni jamás la tomaré e interpretaré sino conforme al sentir unánime de los Padres.

Profeso también que hay siete verdaderos y propios sacramentos de la Nueva Ley, instituidos por Jesucristo Señor Nuestro y necesarios, aunque no todos para cada uno, para la salvación del género humano, a saber: bautismo, confirmación, Eucaristía, penitencia, extremaunción, orden y matrimonio; que confieren gracia y que de ellos, el bautismo, confirmación y orden no pueden sin sacrilegio reiterarse. Recibo y admito también los ritos de la Iglesia Católica recibidos y aprobados en la administración solemne de todos los sobredichos sacramentos. Abrazo y recibo todas y cada una de las cosas que han sido definidas y declaradas en el sacrosanto Concilio de Trento acerca del pecado original y de la justificación.

Profeso igualmente que en la Misa se ofrece a Dios un sacrificio verdadero, propio y propiciatorio por los vivos y por los difuntos, y que en el santísimo sacramento de la Eucaristía está verdadera, real y sustancialmente el cuerpo y la sangre, juntamente con el alma y la divinidad, de nuestro Señor Jesucristo, y que se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en su cuerpo, y de toda la sustancia del vino en su sangre; conversión que la Iglesia Católica llama transustanciación. Confieso también que bajo una sola de las especies se recibe a Cristo, todo e íntegro, y un verdadero sacramento.

Sostengo constantemente que existe el purgatorio y que las almas allí detenidas son ayudadas por los sufragios de los fieles; igualmente, que los Santos que reinan con Cristo deben ser venerados e invocados, y que ellos ofrecen sus oraciones a Dios por nosotros, y que sus reliquias deben ser veneradas. Firmemente afirmo que las imágenes de Cristo y de la siempre Virgen Madre de Dios, así como las de los otros Santos, deben tenerse y conservarse y tributárseles el debido honor y veneración; afirmo que la potestad de las indulgencias fue dejada por Cristo en la Iglesia, y que el uso de ellas es sobremanera saludable al pueblo cristiano.
Reconozco a la Santa, Católica y Apostólica Iglesia Romana como madre y maestra de todas las Iglesias, y prometo y juro verdadera obediencia al Romano Pontífice, sucesor del bienaventurado Pedro, príncipe de los Apóstoles y vicario de Jesucristo.

Igualmente recibo y profeso indubitablemente todas las demás cosas que han sido enseñadas, definidas y declaradas por los sagrados cánones y Concilios ecuménicos, principalmente por el sacrosanto Concilio de Trento (y por el Concilio ecuménico Vaticano, señaladamente acerca del primado e infalibilidad del Romano Pontífice); y, al mismo tiempo, todas las cosas contrarias y cualesquiera herejías condenadas, rechazadas y anatematizadas por la Iglesia, yo las condeno, rechazo y anatematizo igualmente. Esta verdadera fe católica, fuera de la cual nadie puede salvarse, y que al presente espontáneamente profeso y verazmente mantengo, yo el mismo N. N. prometo, voto y juro que igualmente la he de conservar y confesar íntegra e inmaculada con la ayuda de Dios hasta el último suspiro de vida, con la mayor constancia, y que cuidaré, en cuanto de mí dependa, que por mis subordinados o por aquellos cuyo cuidado por mi cargo me incumbiere, sea mantenida, enseñada y predicada: Así Dios me ayude y estos santos Evangelios.


".. recibo sinceramente la doctrina de la fe que los Padres ortodoxos nos han transmitido de los Apóstoles, SIEMPRE CON EL MISMO SENTIDO Y LA MISMA INTERPRETACIÓN. POR ESTO RECHAZO ABSOLUTAMENTE LA SUPOSICION HERETICA DE LA EVOLUCION DE LOS DOGMAS, según la cual estos dogmas cambiarían de sentido para recibir uno diferente del que les ha dado la Iglesia en un principio (...) VERDAD ABSOLUTA E INMUTABLE, predicada desde los orígenes por los Apóstoles, NO SEA JAMAS NI CREIDA NI ENTENDIDA EN OTRO SENTIDO"
(Fragmento del Juramento Antimodernista impuesto por San Pío X en 1910)

sábado, 24 de enero de 2009

Comunicado de Monseñor Bernard Fellay

COMUNICADO
DE
S.E.R. MONSEÑOR BERNARD FELLAY
SUPERIOR GENERAL DE LA FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X
La excomunión de los Obispos consagrados por S.E. Mons.Marcel Lefebvre el 30 de junio de 1988, que había sido declarada por la Sagrada Congregación para los Obispos por un decreto del 1º de julio de 1988 y que nosotros siempre negamos ha sido retirada por otro decreto de la misma Congregación fechado el 21 de enero de 2009 por mandato del Papa Benedicto XVI.
Expresamos nuestra gratitud filial al Santo Padre por este acto, que más allá de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X, representa un beneficio para toda la Iglesia.
Nuestra Fraternidad desea poder ayudar siempre al Papa a remediar la crisis sin precedentes que sacude actualmente al mundo católico, y que el Papa Juan Pablo II había calificado como un acto de apostasía silenciosa.
Además de nuestro reconocimiento al Santo Padre, y a todos los que ayudaron a realizar este valeroso acto, nos congratulamos que el decreto del 21 de enero juzgue necesarias la realización de "reuniones" con la Santa Sede, las cuales permitirán a la Fraternidad Sacerdotal San Pío X exponer las razones doctrinales de fondo que ella estima ser el origen de las dificultades actuales de la Iglesia.
En este nuevo ambiente, tenemos la firme esperanza de arribar pronto a un reconocimiento de los derechos de la Tradición Católica.

Menzingen, 24 de enero de 2009
+ Bernard Fellay

viernes, 25 de julio de 2008

RESPUESTAS A PREGUNTAS RECURRENTES RELATIVAS

RESPUESTAS A PREGUNTAS FRECUENTES
RELATIVAS A LA
FRATERNIDAD SACERDOTAL SAN PÍO X


¿Es verdad lo del “cisma”? ¿Estamos excomulgados?
¿Rechazamos el Concilio Vaticano II?
¿Podemos invocar el Motu Proprio del Papa Benedicto XVI?
Estas son las preguntas que se nos plantean de modo recurrente y a las cuales deseamos responder a través de este documento



¿Es verdad que la “Fraternidad San Pío X” ha nacido en razón del cisma ocurrido en 1988 entre Mons. Lefebvre y la Santa Sede?

La Fraternidad San Pío X ha sido fundada en 1970 y sus estatutos fueron aprobados el 1º de noviembre de ese mismo año por Monseñor Charrière, Obispo de Friburgo (Suiza). Al igual que toda otra congregación, la Fraternidad San Pío X ha nacido como congregación de derecho diocesano. Su fundación no data de 1988 y no está ligada a ninguna sospecha de ilegalidad. En virtud de su presencia en los cinco continentes, hoy debería gozar del rango de congregación de derecho pontificio, lo cual no es el caso. Ese es uno de los temas de las conversaciones con Roma desde el año 2001.

¿Reconocen ustedes al Papa?

Nosotros siempre hemos reconocido al Papa, desde Pablo VI hasta Benedicto XVI. El hecho de plantear objeciones sobre ciertos puntos vinculados a la enseñanza de siempre de la Iglesia no implica un rechazo de su autoridad o de su función pontificia; porque en ese caso habría que afirmar que una buena parte del episcopado francés y alemán sería cismática por no compartir la visión de las cosas que tiene el Papa.

¿Acaso algunos Obispos franceses no fueron a Roma para oponerse a la voluntad del Papa Benedicto XVI de reconocer la Misa tradicional? ¿Acaso algunos Obispos de Alemania no publicaron un documento justificando que los divorciados vueltos a casar pudiesen comulgar, y ello contra la voluntad del Papa?

El Papa Juan Pablo II pidió a los sacerdotes y religiosos que volviesen a vestir el hábito eclesiástico y no fue oído. Podríamos citar muchos otros casos de desobediencia de hecho que, con todo, no implican un rechazo de la función pontificia.Un cisma consiste en rechazar la autoridad del Papa y crear su propia Igleisa. Ese no es nuestro caso. Nuestros sacerdotes mencionan al Papa en el canon de la Misa que celebran día a día, lo mismo que el del obispo en cuya diócesis residen. Rezamos públicamente por el Papa cada vez que se expone el Santísimo Sacramento. Por lo demás, los miembros de la Fraternidad San Pío X que no reconocen públicamente a Benedicto XVI (y a sus predecesores) como Papa son excluidos de la congregación.

¿Por qué, entonces, se dice que ustedes son cismáticos?

Es una calumnia en boca de quienes no nos quieren. Sin embargo, carece de fundamento y es contradicha por los hechos ya que nosotros no hemos inventado una Iglesia paralela. Ademas, Roma así lo admite y no nos acusa de ser cismáticos. Lo único que explica aquella afirmación es el desconocimiento de todo lo que envuelve nuestra cuestión.

Así, pues, todo está en orden… ¡Pero Uds fueron excomulgados!

Excomunión no es sinónimo de cisma. Son términos jurídicos precisos que no deben ser confundidos. Cismático es quien rechaza la autoridad y la función pontificia. Excomulgado es quien recibe una reprimenda por haber infringido una regla importante del derecho canónico.

El Papa Juan Pablo II no recurrió al a excomunión más que una vez en toda su vida: en 1988, en relación a Monseñor Lefebvre, Monseñor de Castro Mayer y los cuatro Obispos consagrados. Por tanto, seis son las personas que han sido excomulgadas.

En cambio, ni los sacerdotes ni los fieles lo están.Es claro que uno podría cuestionarse acerca de la conveniencia de emplear esta medida represiva, considerando que desde hace treinta años algunos Obispos y sacerdotes enseñan verdaderas herejías en la Iglesia, y se permiten cosas que en ocasiones son contrarias a la fe, y todo eso sin que jamás se les haya dicho nada…

¿Cree Ud. que la excomunión de los seis Obispos es injusta?

Reparemos en lo que dice el derecho canónico: la excomunión de un obispo que consagrase otro obispo sin mandato apostólico es una medida relativamente reciente en la historia de la Iglesia. Data de época de Pío XII (1938-1959). Debido a la creación de la “Iglesia Patriótica China”, bajo la égida del gobierno comunista, el Papa Pío XII quiso poner un coto para evitar la creación de otras Iglesias nacionales. Eso explica el carácter de medida represiva grave. Esa es la intención del legislador y el espíritu de esta ley.

Ahora bien, en el caso de Monseñor Lefebvre, jamás se le pasó por la mente crear una Iglesia paralela. No consagró cuatro Obispos sino para preservar el sacerdocio y la Misa tradicional, adelantándose en eso a la voluntad del Papa, que acaba de reconocer su plena legitimidad y su necesidad para fecundar —en su perspectiva— el nuevo rito.

En 1988, dada la hostilidad de que era objeto la Fraternidad San Pío X, no había ningún obispo dispuesto a ordenar los 250 seminaristas que se preparaban al sacerdocio en los seis seminarios de la congregación. Los Obispos de la Fraternidad no tienen jurisdicción; se limitan a administrar los sacramentos: ese es el límite de su misión canónica.

Obedecen al Superior General, el cual es elegido de manera regular y conforme a los estatutos de la congregación oficialmente aprobados por la Iglesia. Esta ausencia de voluntad cismática de que ha dado pruebas la Fraternidad San Pío X a lo largo de veinte años ha sido reconocida por Roma, que hoy mismo está discutiendo la posibilidad de levantar las excomuniones.

Monseñor Bouilleret, Obispo de Amiens, invoca al Padre Jean-Paul Durand, el cual parece decir que Uds. son cismáticos. El Padre Durand es una voz “autorisée”. ¿Qué dice Ud.?

Bien se dice que el Padre Durand “parece decir”, porque la cita de Monseñor Bouilleret es incompleta y casi incomprensible. Sin embargo, vista en conjunto, parece decir que somos cismáticos. El Padre Durand es consultor del Pontificio Consejo para la Interpretación de los Textos Legislativos. Uno podría oponerle otras afirmaciones hechas por personas más autorizadas que él, es decir, que detentan otros cargos de mayor responsabilidad. Así, a título de ejemplo: • En una entrevista dada al diario italiano “30 Giorni” en septiembre de 2005, el Cardenal Castrillón Hoyos, entonces Prefecto de la Congregación para el Clero (y hoy Presidente de la Comisión Ecclesia Dei) afirmó que “Monseñor Lefebvre persistió en su voluntad de consagrar obispos y eso ha creado consecuentemente una situación de apartamiento, no obstante lo cual no se trata formalmente de un cisma”.

El 13 de noviembre del mismo año y en la televisión italiana TV Canal 5, agregaba que “no estamos ante una herejía. No se puede decir en términos correctos, exactos y precisos que haya un cisma (…) Están dentro de la Iglesia. Sólo existe el hecho de faltar una comunión más plena y perfecta, porque esa comunión ya existe”. • El 28 de junio de 1993, el Vaticano revoca un decreto del 1 de julio de 1988 y declara que la acusación de cisma a la Fraternidad San Pío X carece de fundamento (declaración oficial nº 10311 de Monseñor Cacciavillan, Nuncio Apostólico en los Estados Unidos, de parte del Cardenal Ratzinger, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe). Los hechos motivantes fueron que en los Estados Unidos unos fieles habían recurrido a uno de los Obispos consagrados por Monseñor Lefebvre para recibir la administración del sacramento de la confirmación.

El Obispo del lugar, después de una monición canónica, excomulgó a los seis fieles. Roma, por medio del Nuncio Apostólico, y a solicitud del Prefecto para la Doctrina de la Fe, anuló este decreto argumentando que no existía causal de cisma. • En una carta del 3 de mayo de 1993, el Cardenal Cassidy, Presidente del Consejo Pontificio para la Unidad de los Cristianos, respondió a una consulta de la siguiente manera: “En lo que se refiere a su pregunta, deseo subrayar que el «Directorio sobre el Ecumenismo» (reglas prácticas a seguir en la materia) no concierne a la Fraternidad San Pío X.

La situación de los miembros de esta sociedad es un asunto interno de la Iglesia católica. La Fraternidad San Pío X no es otra Iglesia o una Comunidad eclesial en el sentido en que lo emplea este Dicasterio. Por supuesto, la misa y los sacramentos administrados por los sacerdotes de la Fraternidad San Pío X son válidos (…)”• “El examen de las circunstancias en la que el arzobispo Lefebvre ha procedido a las consagraciones episcopales, a la luz de los cánones 1321, 1323 y 1324, plantean al menos una duda significativa, si no una certeza razonable, contra l a validez de la declaración de excomunión pronunciada por la Congregación de los Obispos”. Esa es la conclusión de una tesis de derecho canónico obtenida en 1995 en Roma (Universidad Gregoriana) por el Padre Gerald E. Murray, y que mereció la felicitación del tribunal examinador.

El Padre Gerald E. Murray no es un sacerdote de la Fraternidad San Pío X; ejerce su ministerio en la arquidiócesis de Nueva York. Podríamos continuar con esta enumeración y citar muchos otros testimonios, lo cual sería un poco tedioso… El último: a la consulta hecha por un Obispo de Gabón, acerca de si en los registros parroquiales debían asentarse los matrimonios celebrados por sacerdotes de la Fraternidad San Pío X, la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos respondió afirmativamente.



¿Puede el Papa equivocarse cuando excomulga a un miembro de la Iglesia?


La excomunión es un acto disciplinario que por naturaleza no puede estar garantizado por la infalibilidad. Que Roma pueda equivocarse teniendo un juicio errado en un caso puntual es algo que ya ha sucedido en la historia de la Iglesia. La hipótesis de Monseñor Lefebvre no es el primero. San Atanasio, Obispo de Alejandría (s. IV) y Doctor de la Iglesia, fue excomulgado cinco veces por el Papa Honorio.
Santa Teresa de Ávila, reformadora de los Carmelos y eminente mística, fue excomulgada por su Obispo… Esta discusión sobre los presuntos cisma y excomunión están hoy, año 2008, en franco retroceso. Tras veinte años Roma ha tenido tiempo de caer en la cuenta de la falsedad de las acusaciones hechas en 1988 respecto a la Fraternidad San Pío X. Hoy por hoy estamos en vísperas del levantamiento de las sanciones y del reconocimiento de que no se pueden ignorar las fuerzas vivas de la Iglesia que vertebra el movimiento tradicional.



Vayamos al Concilio. Se los acusa de rechazar el Vaticano II. ¿Qué significa eso?

No rechazamos el Concilio Vaticano II de cabo a rabo; admitimos lo que está en continuidad con el magisterio y los veinte Concilios precedentes. Es imposible admitir que la Iglesia y el magisterio renieguen del pasado.Por ejemplo, nosotros somos los que seguimos más de cerca el esquema sobre la liturgia, en el cual se recuerdan todos los elementos de la liturgia, tal el caso del latín como lengua oficial de la liturgia de la Iglesia… (1)

Los experimentos litúrgicos novadores y las fantasías del posconcilio —y de hoy en día, porque desgraciadamente esto no ha terminado— están en contradicción con el Concilio. Los Padres Conciliares nunca pensaron que, aprobando este esquema, sobrevendría el día en que, por ejemplo, las ceremonias de entierro estarían a cargo de laicos… Eso va contra el Vaticano II. Se hace decir al Vaticano II cosas que nunca fueron dichas, en nombre del famoso “espíritu del Concilio”…Por lo demás, es cierto que el concepto de revelación, tal como está formulado en “Dei Verbum”, tomado de la “nueva teología” del Padre Henri de Lubac, el concepto de libertad religiosa formulado en “Dignitatis Humanæ”, la realidad del ecumenismo practicado hoy en día, el subsistit in de “Lumen Gentium”, son novedades teológicas problemáticas.(2) Pedimos a Roma poder abordar estos problemas en el contexto de discusiones teológicas


¿Cree realmente que Uds. pueden discutir esas cosas?


Hoy por hoy todo es puesto en la picota. Cualquier teólogo que publica un estudio pone muchísimas cosas en cuestión. Desde hace cuarenta años todo es puesto en cuestión… la Misa, todos los sacramentos, las traducciones de la Biblia, la exégesis, la pastoral, la historia de la Iglesia, la predicación del Evangelio, el lugar de los sacerdotes y de los laicos, etc., etc.

Las iglesias están vacías, se vende el mobiliario eclesiástico, se destruyen o venden los ornamentos… ¿y se alza la voz porque nos permitimos señalar algunos puntos “novedosos” del Concilio que causan problemas? ¿Se tiene conciencia de la desproporción existente entre la complacencia ante todo lo que es novador, e incluso destructor de la Tradición que santificó a generaciones y generaciones de católicos, y el régimen de exclusión a que se somete a los que no se pasan a las filas de quienes se visten “con piel de lobo”?

Padre Bernard LorberEnero de 2008

NOTAS
(1) Argumento “ad hominem”.
(2) Porque están en ruptura con la tradición.
























San Pío X

"porque los verdaderos amigos del pueblo no son ni revolucionarios ni innovadores, sino tradicionalistas" (Enciclica Notre Charge Apostolique)